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Luis Carlos Díaz Plaza - Pamplona
La Constitución Española de 1978 despreciada

 

juana castejon gomez - murcia
javier fabra

 

Plinio del Marco Azules - Santa Fe
Una nueva Constitución para España

 

Luna Fernández de la Osa - Castengandofo
Crisis, pierden trabajadores, ganan banca y empresarios

 

[1/43]
Estimados amigos:

Ha sido una agradable sorpresa descubrir la existencia de su website "E-defensor".
Quisiera llamarles la atención sobre un lamentable asunto que, posiblemente, acabe reconociéndose como uno de los escándalos judiciales más sonados de nuestra historia reciente. 

No sé si conocerán el caso de Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi, los presuntos violadores en serie detenidos en 1991, sobre cuya culpabilidad se plantearon tantas dudas. Encontrarán más detalles e información actualizada en la dirección de Internet: www.geocities.com/eva_bobrow/Tommouhi.html .
Ya sé que "no es noticia", pero es que nunca debió dejar de serlo. Si no que se lo pregunten a Ahmed Tommouhi, que lleva ya más de DOCE años en una cárcel barcelonesa.
También sé que no es políticamente correcto criticar sentencias judiciales ratificadas por todos los altos tribunales del Estado, pero ¿debemos callarnos cuando la arbitrariedad es tan pública y notoria como en este caso? 
En 1991, Mounib y Tommouhi fueron acusados de violaciones y otros delitos en base a reconocimientos (nunca hubo pruebas materiales contra ellos). Siempre se declararon inocentes. En 1997, una prueba de ADN los exculpó en uno de los casos y demostró la culpabilidad de un ciudadano español ya condenado por otras violaciones. Se daba la circunstancia de que este último, cuyo cómplice nunca llegó a ser localizado, tenía un gran parecido físico con Tommouhi.
Pero el calvario de los dos marroquíes no terminó aquí. La imposibilidad de realizar pruebas similares en los demás casos impidió la revisión de sus demás condenas, aunque se referían a actuaciones delictivas completamente análogas a la que se les atribuyó erróneamente. 

Sus abogados presentaron recurso extraordinario de revisión ante el Tribunal Supremo. En el 2000, éste desautorizó la solicitud de Mounib, poco antes de su defunción. El mismo año, rechazó la revisión de la condena a Tommouhi. El alto tribunal admitía la aparición de "dudas", "sombras", "incertidumbres". Pero advertía que no era suficiente, dado que un recurso de revisión (de "estrechos márgenes" y "estrictas exigencias") requiere pruebas que demuestren plenamente la inocencia del condenado. El Supremo también recordaba que las víctimas siempre se habían reafirmado en las identificaciones. Así, la excusa formal de la coherencia procesal y el argumento falaz de la firmeza de los testimonios (baste señalar, por ejemplo, que la víctima en el caso en que se demostró su inocencia siempre identificó a los marroquíes con plena firmeza...) sumían en la indefensión a Tommouhi. Pero los magistrados debían de ser bien conscientes de la magnitud de las "dudas" y las "sombras" cuando, en el mismo auto, instaban a solicitar un indulto...

Los letrados de Tommouhi optaron por presentar un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Finalmente, fue rechazado en términos similares. Se habían agotado todos los recursos posibles ante la Justicia española.
Lo único que quedaba por hacer era llevar el problema al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. Todavía no se ha pronunciado a fecha de hoy. Pero, como ha venido sucediendo en otras ocasiones, aún en el caso de una sentencia favorable, lo más probable es que no se le reconozcan efectos ejecutivos.

Los condenados siempre fueron reacios a solicitar ningún tipo de medida de gracia. Siempre se negaron a pisar la calle si no se revisaban antes sus causas y se reconocía su inocencia.

No obstante, en 1999, el propio Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, pidió un indulto parcial, ante las "serias dudas" que albergaba. Se planteó como una medida de urgencia, pero han transcurrido casi CINCO años y todavía no se ha resuelto nada al respecto. Un "silencio administrativo" que el Defensor del Pueblo ha denunciado en varias ocasiones y que constituye otra cara del escándalo, agravada por un inexplicable silencio mediático.

Y es que, a pesar de la gravedad del asunto, Tommouhi es prácticamente "invisible". Quizás cometió la torpeza de no ser periodista, ni ser español y estar condenado a muerte en los EE.UU., ni ser un reputado financiero, ni estar recluido en Guantánamo... Quizás entonces su drama cobraría presencia en los medios y preocuparía a más de un político.

Paradójicamente, no siempre ha sido así. También hay que decir que pocas veces tantas adhesiones notables a una causa han sido tan poco efectivas. En 1999, muchas voces reclamaban la excarcelación de ambos marroquíes (desde miembros de la Guardia Civil que habían seguido el caso de cerca hasta el entonces ministro Abel Matutes, pasando por la Fiscalía de Cataluña y el Colegio de Abogados de Barcelona, por citar unos ejemplos). Pero Mounib murió en prisión en el 2000 y Tommouhi aún sigue allí, a pesar de que, obviamente, hoy no es menos inocente que ayer. Actualmente, de la mayoría de aquellas voces que exigían su libertad no queda ni el eco.

Para terminar debo indicar que me llama la atención la lectura superficial, catastrofista y resignada que suele hacerse de un caso como éste, como si se tratara de un accidente anecdótico. Puede que comenzara siendo un error. Pero hoy es una canallada, y se echa en falta un análisis de fondo de las circunstancias que han permitido y siguen permitiendo que la injusticia se perpetúe. 

El ciudadano de a pie no suele ser consciente de que una identificación errónea por parte de la víctima de un delito -sin más pruebas- puede costarle años de cárcel... 

Diversos factores hacen que llegue a ser posible.

Para comenzar, ¿hasta qué punto se realizan las ruedas de reconocimiento con las exquisitas precauciones que requieren este tipo de pruebas?

Por otro lado, considerar la “firmeza” de las identificaciones como una garantía de fiabilidad es un prejuicio aún muy arraigado en la judicatura. La Psicología del Testimonio -es decir, la Ciencia, que no es más que un baño de realidad- demostró hace tiempo que la "firmeza" no es un indicio fiable y que la identificación es una prueba muy falible que, por sí sola, no debería tomarse como concluyente a la hora de condenar.

En otro orden de cosas, ni siquiera los "afortunados" condenados por error que pueden señalar al posible verdadero culpable tienen asegurada la revisión de su caso (y aquí no puedo dejar de mencionar el caso del gallego Secundino Bouzas, del que quizás hayan oído hablar -ver notas al final-). Nuestro sistema procesal de recursos tiene lagunas evidentes, que ya han sido denunciadas en más de una ocasión. Por lo que veo, cuando se trata de delitos graves no existe la oportunidad de un segundo examen efectivo de la causa (ni el recurso de casación ni el de amparo lo son -ni pretenden serlo-) y, en cuanto a un recurso extraordinario como el de revisión es prácticamente inalcanzable en la mayoría de los casos.

Esperando que se animen a denunciar públicamente estos problemas, quedo a su disposición para cualquier aclaración.

Reciban un cordial saludo,


Manuel Borraz Aymerich
(Barcelona)


El caso de Secundino Bouzas tiene diversos aspectos en común con el caso Mounib/Tommouhi. Este ciudadano gallego fue a la cárcel -y aún no sale de su asombro- simplemente porque lo "identificaron" como autor de dos atracos a un banco, sin más pruebas. Por iniciativa propia, indagando, consiguió dar con los posibles autores de los delitos, que están en la cárcel por otros hechos. Sin embargo, no consiguió que revisaran su caso (¡ni la ley se lo va a permitir, por lo que parece!).
A diferencia de lo que ocurrió con Mounib y Tommouhi, tuvo el apoyo pleno de sus allegados y convecinos y "sólo" pasó 3 meses en la cárcel, en el 2002. Su condena es de 6 años, pero le han concedido el tercer grado y está pendiente de un indulto (el "insulto", como lo califica el propio Bouzas). No llegó a recurrir en Estrasburgo, pues le advirtieron de que iba a resultar probablemente inútil.

Bouzas sigue luchando por demostrar su inocencia y para que la opinión pública conozca su drama particular, que apenas ha trascendido a nivel nacional a pesar de que sus implicaciones son de interés general. De nuevo hay que hablar de algo más que un simple error judicial...

Encontrarán una exposición más detallada del caso en:

http://members.tripod.cl/porlajusticia/SABER%20MAS.htm

así como, entre otros, en los siguientes artículos publicados en "La Voz de Galicia":

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/
noticia.jsp?CAT=127&TEXTO=1075284&txtDia=6&txtMes=5&txtAnho=2002


http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/
noticia.jsp?CAT=127&TEXTO=1075285&txtDia=6&txtMes=5&txtAnho=2002

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/
noticia.jsp?CAT=127&TEXTO=1076734&txtDia=7&txtMes=5&txtAnho=2002

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/
noticia.jsp?CAT=127&TEXTO=1079982&txtDia=9&txtMes=5&txtAnho=2002

  
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