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Son de nacionalidad tunecina, siria y marroquí
(principalmente de Tetuán y Tánger), educados, corteses,
amables, de trato elegante con los vecinos, estudiosos, varios
de ellos con vocación universitaria técnica, pero todos con
una visión distorsionada y fanática de la religión
musulmana. Así es el perfil de los principales implicados,
hasta el momento, por la matanza del 11-M.
Pero para los cuerpos de Seguridad del Estado español, uno
de ellos era el principal cabecilla de la trama: Serhane Ben
Abdelmajid, apodado “El Tunecino”, fallecido al inmolarse
en Leganés, que consiguió aglutinar a todos los grupos
radicales asentados en España para implicarlos en la
preparación de los atentados de Madrid. Para ello asistía
regularmente, y llevaba la voz cantante, en todas las
reuniones que cada uno de estos grupúsculos celebraba,
principalmente, en torno a la mezquita del distrito de Tetuán
y en el barrio de Lavapiés. Allí se exaltaba la ‘guerra
santa’ y se decidía quién se convertiría en ‘soldado de
Alá’ con el fin de combatir a los enemigos del Islam.
Los terroristas se reunían en conocidos lugares del castizo
barrio madrileño, donde las diferentes células
“dormidas” controlan indiscriminadamente peluquerías,
tiendas de ropa al por mayor, fruterías, carnicerías y
locutorios, y en cuyos sótanos se producen las reuniones
clandestinas. Por ejemplo, en el barrio de Lavapiés se
congregaban los integrantes del Grupo Islámico Combatiente
Marroquí, que lidera uno de los autores materiales de la
masacre del 11-M, Jamal Zougam, propietario del locutorio
“Nuevo Siglo”, situado en la castiza calle de Tribulete.
Esta célula se formó en la antigua mezquita de Lavapiés, de
nombre Al-Huda, con domicilio en la calle Peña de Francia, nº
12, e inscrita en el Registro de Confesiones Minoritarias del
Ministerio de Justicia el 6 de febrero de 1997, con el número
4205-SE/A.
También se reunía el grupo denominado Salafia Jihadia, al
que pertenecen los terroristas Driss Chebli, Said Chedadi,
Amer El Azizi y Faisal Alluch, todos ellos vinculados a la célula
de Al Qaeda en España y relacionados con la matanza del 11-M.
Otro de los grupos que la policía investiga es la célula
egipcia, liderada por Rabei Osman Sayed Ahmed, más conocido
como “Mohamed el Egipcio”. A dicho grupo pertenecen, por
ejemplo, los terroristas sirios Moutaz y Mohamed Almallah, y
Basel Ghayoun, reconocido por dos testigos como uno de los
individuos que subió a los trenes, así como el marroquí
Fuad El Morabit Anghar.
La principal fuente de financiación de estos grupos islámicos
proviene del tráfico de drogas. Así, la policía considera
que la forma de pago de los explosivos utilizados para la
matanza de Madrid fue precisamente el contrabando de
estupefacientes proveniente de Marruecos.
Todos los imputados del 11-M que se encuentran en prisión
preventiva están aislados en la prisión madrileña de Soto
del Real, a excepción del minero asturiano Suárez Trashorras,
que está en Alcalá-Meco, y del marroquí Rafá Zuheir, que
está en Valdemoro.
Esta es la lista personificada de los supuestos
terroristas, que en sus declaraciones apenas han colaborado
con la Justicia manifestando que por encima de ellos “sólo
esta Alá”: >>Los nombres del 11-M
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