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Las relaciones entre Ibarretxe, ETA y Batasuna

Por Juan Luis Galiacho

El próximo 14 de diciembre se votará en el Parlamento Vasco la controvertida Propuesta de Ibarretxe, un plan soberanista presentado por el lehendakari con el objetivo de poner fin al Estatuto de Autonomía –marco refrendado por los vascos que ha regulado las relaciones entre Euskadi y el Estado español desde 1980-. La iniciativa, que recoge el ejercicio de la autodeterminación, precisa ser aprobado por el Parlamento. En el caso de que esto no ocurra –a día de hoy sólo cuenta con el apoyo del Gobierno tripartito vasco (PNV, EA y EB-IU)- es probable que Ibarretxe acuda a las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo mes de mayo con la propuesta como principal punto de su programa. Si el actual Gobierno vasco no obtiene la mayoría absoluta (38 escaños) las vías para sacar adelante su plan quedarían prácticamente agotadas. En el supuesto de que si obtenga esa mayoría, el lehendakari ha prometido –en situación de paz, es decir, sin ETA pegando tiros- la celebración de una “consulta popular” en el País Vasco para ratificar su propuesta.

El Plan, rechazado por el PP y el PSOE, no ha conseguido tampoco concitar, por el momento, el apoyo de Batasuna y por extensión de ETA, que sólo están de acuerdo con el Preámbulo. Por otra parte, la última propuesta del brazo político de ETA –presentada hace unos días en el velódromo de Anoeta- no allana el camino de entendimiento entre las dos familias del nacionalismo vasco. Batasuna sigue sin condenar la violencia terrorista de ETA y el PNV no parece estar dispuesto a repetir ningún acuerdo político con Batasuna mientras ésta no reniegue del terrorismo.

En el libro “PNV-ETA, Historia de una relación imposible”, escrito por Sagrario Morán, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, y editado recientemente por Tecnos, se cuenta la relación que han mantenido estos dos actores de la política vasca a lo largo del siglo XX hasta el momento actual. Una relación imposible porque, aunque los dos buscan el ideal de un Estado vasco independiente, chocan en los métodos y en la forma de llegar a ese objetivo común. Y además casi imposible porque, después de todo, los dos compiten por el mismo espacio electoral vasco.

Desde las primeras elecciones autonómicas en 1980 se ha comprobado que no hay trasvases importantes de un bloque a otro –el nacionalista y el no nacionalista-. Lo habitual son los trasvases de votos entre los partidos que integran cada tendencia, pero sin alterar el equilibrio general. Así, en 1964, coincidiendo con la radicalización de ETA, se produce una de sus primeras descalificaciones públicas al PNV. El acta de la reunión afirma: “Se aprueba unánimemente que la labor del PNV es contraria a los intereses de la Liberación Nacional. Se aprueba, por tanto, ir a su destrucción. Tácticas diversas”. Los principales dirigentes peneuvistas del momento muestran su desprecio. El carismático Ajuriaguerra, jefe de la resistencia vasca contra la Dictadura y el máximo dirigente del PNV durante el Franquismo, afirma que “ETA es algo residual y despreciable políticamente”. Las acusaciones subieron de grado cuando el PNV califica a los miembros de ETA de “mentirosos y sinvergüenzas” y la critica por “emplear procedimientos repugnantes”.

Durante la década de los 70 y 80, las relaciones entre las direcciones del PNV y de ETA se mantuvieron en la misma tónica complicada, aunque nunca perdieron el contacto. Siempre tenían entre manos temas de interés común. En ocasiones eran los peneuvistas quienes tenían que llamar a la puerta de la dirección de la banda para mediar en la liberación de algún empresario secuestrado. En 1976, los “comandos Bereziak de ETA Político Militar secuestraron al militante nacionalista y empresario, Ángel Berazadi, y exigen 200 millones de pesetas por su liberación. La mediación de los dirigentes peneuvistas, entre ellos Arzalluz, no impidió que finalmente asesinaran al empresario. Dos meses después, en junio, el también empresario Javier Ibarra corría la misma suerte.

Pero de forma simultánea a los “desplantes” que ETA propina al PNV, la organización terrorista va a tratar de arrastrar a la formación jeltzale en sus aventuras. “Después de la muerte de Franco recibimos varias propuestas de ETA”, reconoce el peneuvista Iñaki Anasagasti. Propuestas en las que ETA pretende que el PNV no se presente a las elecciones de 1977 o que no participe en la elaboración del Estatuto de Autonomía. La formación jeltzale, que rechazo todas estas proposiciones, será acusado por ETA de traición al “pueblo vasco”. En 1998, después de varios intentos frustrados, alcanzan un acuerdo secreto por el ETA trata de imponer, a cambio del fin de la violencia, su propio modelo de Estado para los vascos.

En este interesante libro de la profesora Morán se trata de explicar, a través de las entrevistas y conversaciones personales mantenidas con algunos de los principales protagonistas –dirigentes del PNV y de la izquierda abertzale- el por qué de estas complejas relaciones para detenerse en el día a día de lo que se vivió, dentro de la política interna vasca y española, en los meses previos a la tregua de 1998, durante y postregua. Un periodo inédito porque por primera vez en la historia ETA declara un alto el fuego, presentado como unilateral e indefinido, en un intento de retrasar su derrota política.

El acuerdo de Estella, firmado por el PNV y la entonces Herri Batasuna con el consentimiento de ETA, fracasa porque llegó un momento en el que la formación jeltzale tuvo que decir “no” a propuestas tan “estrambóticas” (en palabras de Joseba Egibar) como la de convocar elecciones en la CAV, Navarra y la provincias del País Vasco-francés, previo paso a la formación de una Asamblea Constituyente que pretendía poner punto final a las instituciones democráticas aprobadas por los vascos. Como decía un alto dirigente nacionalista en 1999, “el PNV no podía seguir siendo la fregona de ETA”.

El periodo de Estella culminó con la ruptura de la apuesta soberanista emprendida por las dos familias del nacionalismo vasco –la democrática y la violenta- e hizo pasar al PNV por uno de los momentos más delicados de su historia, al ser acusado de complicidad con el terrorismo. Una situación que creo un ambiente en el que se pensó que en Ajuria Enea se podía sentar un lehendakari no nacionalista. Algo insólito hasta entonces. Sin embargo el PNV gana las elecciones autonómicas de 2001 y el lehendakari se siente fuerte para presentar su Plan en septiembre de 2002. A pesar de que Ibarretxe insiste en que su proyecto pretende establecer “un nuevo marco de relación amable de Euskadi con España”, socialistas y populares lo tachan de “rupturista”. En cualquier caso, el futuro de la estrategia del PNV, -avance o ralentización del proceso soberanista- depende de los resultados de las elecciones autonómicas del 2005. En función de éstos la formación jeltzale se situará en un lado u otro.

En el Aberri Eguna (“Día de la Patria Vasca) de 2004 se esperaba que ETA anunciara una tregua. Se oían tambores de alto el fuego desde hacia unos meses. Sobre todo desde que en febrero ETA declarase una tregua parcial en Cataluña, como resultado de la reunión que el líder de ERC, Josep Lluís Carod Rovira, mantuvo con la cúpula terrorista en Perpiñan. Sin embargo, el atentado del 11 de marzo en Madrid, tres días antes de las elecciones generales, y el triunfo socialista, hicieron cambiar de decisión a ETA. El propio Otegi declaraba días después de los comicios que confiaba en que el nuevo presidente socialista “abriese una nueva etapa”. La banda terrorista no ha perdido la esperanza de conseguir sus objetivos y negociar con el Gobierno español.

Las relaciones entre el PNV y Batasuna-ETA después de la ruptura de la tregua (noviembre de 1999) se han complicado porque cada una de las partes acusa a la otra del fracaso del acuerdo de Estella. Hoy Batasuna, una formación ilegalizada, no despierta el interés para los dirigentes nacionalistas de épocas pasadas. O dicho de otra forma, ningún interés mayor que obtener el voto de los que antes apoyaban a la izquierda abertzale. De mantenerse su ilegalización Batasuna dejará de existir como fuerza política en el Parlamento Vasco después de las elecciones autonómicas.

En cuanto a ETA, la organización terrorista atraviesa una situación de debilidad desconocida hasta la fecha por el goteo de detenciones de sus comandos y dirigentes. El 3 de octubre de este año la Policía detenía al principal ideólogo de la banda, Antza –el interlocutor de ETA en las conversaciones con los dirigentes del PNV en 1998- y a su compañera Anboto. La captura policial, un golpe directo al cerebro de la serpiente terrorista, tiene importantes repercusiones dentro de la política vasca. Además de dificultar como nunca que ETA vuelva a ser la organización con capacidad para dictar la agenda política, esfuma parte de los efectos pacificadores del Plan que Ibarretxe ha presentado como la panacea para conseguir la paz en Euskadi.

En resumen, el libro “PNV-ETA, Historia de una relación imposible”, escrito por Sagrario Morán, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, y editado recientemente por Tecnos, abre muchas puertas que hasta ahora han estado cerradas al análisis de la opinión pública.

 

 

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