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El próximo 14
de diciembre se votará en el Parlamento Vasco la
controvertida Propuesta de Ibarretxe, un plan soberanista
presentado por el lehendakari con el objetivo de poner fin al
Estatuto de Autonomía –marco refrendado por los vascos que
ha regulado las relaciones entre Euskadi y el Estado español
desde 1980-. La iniciativa, que recoge el ejercicio de la
autodeterminación, precisa ser aprobado por el Parlamento. En
el caso de que esto no ocurra –a día de hoy sólo cuenta
con el apoyo del Gobierno tripartito vasco (PNV, EA y EB-IU)-
es probable que Ibarretxe acuda a las elecciones autonómicas
que se celebrarán el próximo mes de mayo con la propuesta
como principal punto de su programa. Si el actual Gobierno
vasco no obtiene la mayoría absoluta (38 escaños) las vías
para sacar adelante su plan quedarían prácticamente
agotadas. En el supuesto de que si obtenga esa mayoría, el
lehendakari ha prometido –en situación de paz, es decir,
sin ETA pegando tiros- la celebración de una “consulta
popular” en el País Vasco para ratificar su propuesta.
El Plan,
rechazado por el PP y el PSOE, no ha conseguido tampoco
concitar, por el momento, el apoyo de Batasuna y por extensión
de ETA, que sólo están de acuerdo con el Preámbulo. Por
otra parte, la última propuesta del brazo político de ETA
–presentada hace unos días en el velódromo de Anoeta- no
allana el camino de entendimiento entre las dos familias del
nacionalismo vasco. Batasuna sigue sin condenar la violencia
terrorista de ETA y el PNV no parece estar dispuesto a repetir
ningún acuerdo político con Batasuna mientras ésta no
reniegue del terrorismo.
En el libro
“PNV-ETA, Historia de una relación imposible”, escrito
por Sagrario Morán, profesora de Relaciones Internacionales
de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, y editado
recientemente por Tecnos, se cuenta la relación que han
mantenido estos dos actores de la política vasca a lo largo
del siglo XX hasta el momento actual. Una relación imposible
porque, aunque los dos buscan el ideal de un Estado vasco
independiente, chocan en los métodos y en la forma de llegar
a ese objetivo común. Y además casi imposible porque, después
de todo, los dos compiten por el mismo espacio electoral
vasco.
Desde las
primeras elecciones autonómicas en 1980 se ha comprobado que
no hay trasvases importantes de un bloque a otro –el
nacionalista y el no nacionalista-. Lo habitual son los
trasvases de votos entre los partidos que integran cada
tendencia, pero sin alterar el equilibrio general. Así, en
1964, coincidiendo con la radicalización de ETA, se produce
una de sus primeras descalificaciones públicas al PNV. El
acta de la reunión afirma: “Se aprueba unánimemente que la
labor del PNV es contraria a los intereses de la Liberación
Nacional. Se aprueba, por tanto, ir a su destrucción. Tácticas
diversas”. Los principales dirigentes peneuvistas del
momento muestran su desprecio. El carismático Ajuriaguerra,
jefe de la resistencia vasca contra la Dictadura y el máximo
dirigente del PNV durante el Franquismo, afirma que “ETA es
algo residual y despreciable políticamente”. Las
acusaciones subieron de grado cuando el PNV califica a los
miembros de ETA de “mentirosos y sinvergüenzas” y la
critica por “emplear procedimientos repugnantes”.
Durante la década
de los 70 y 80, las relaciones entre las direcciones del PNV y
de ETA se mantuvieron en la misma tónica complicada, aunque
nunca perdieron el contacto. Siempre tenían entre manos temas
de interés común. En ocasiones eran los peneuvistas quienes
tenían que llamar a la puerta de la dirección de la banda
para mediar en la liberación de algún empresario
secuestrado. En 1976, los “comandos Bereziak” de
ETA Político Militar secuestraron al militante nacionalista y
empresario, Ángel Berazadi, y exigen 200 millones de
pesetas por su liberación. La mediación de los
dirigentes peneuvistas, entre ellos Arzalluz, no impidió que
finalmente asesinaran al empresario. Dos meses después, en
junio, el también empresario Javier Ibarra corría la misma
suerte.
Pero de forma
simultánea a los “desplantes” que ETA propina al PNV, la
organización terrorista va a tratar de arrastrar a la formación
jeltzale en sus aventuras. “Después de la muerte de
Franco recibimos varias propuestas de ETA”, reconoce el
peneuvista Iñaki Anasagasti. Propuestas en las que ETA
pretende que el PNV no se presente a las elecciones de 1977 o
que no participe en la elaboración del Estatuto de Autonomía.
La formación jeltzale, que rechazo todas estas
proposiciones, será acusado por ETA de traición al “pueblo
vasco”. En 1998, después de varios intentos frustrados,
alcanzan un acuerdo secreto por el ETA trata de imponer, a
cambio del fin de la violencia, su propio modelo de Estado
para los vascos.
En este
interesante libro de la profesora Morán se trata de explicar,
a través de las entrevistas y conversaciones personales
mantenidas con algunos de los principales protagonistas
–dirigentes del PNV y de la izquierda abertzale- el por qué
de estas complejas relaciones para detenerse en el día a día
de lo que se vivió, dentro de la política interna vasca y
española, en los meses previos a la tregua de 1998, durante y
postregua. Un periodo inédito porque por primera vez en la
historia ETA declara un alto el fuego, presentado como
unilateral e indefinido, en un intento de retrasar su derrota
política.
El acuerdo de
Estella, firmado por el PNV y la entonces Herri Batasuna con
el consentimiento de ETA, fracasa porque llegó un momento en
el que la formación jeltzale tuvo que decir “no” a
propuestas tan “estrambóticas” (en palabras de Joseba
Egibar) como la de convocar elecciones en la CAV, Navarra y la
provincias del País Vasco-francés, previo paso a la formación
de una Asamblea
Constituyente que
pretendía poner punto final a las instituciones democráticas
aprobadas por los vascos. Como decía un alto dirigente
nacionalista en 1999, “el PNV no podía seguir siendo la
fregona de ETA”.
El periodo de
Estella culminó con la ruptura de la apuesta soberanista
emprendida por las dos familias del nacionalismo vasco –la
democrática y la violenta- e hizo pasar al PNV por uno de los
momentos más delicados de su historia, al ser acusado de
complicidad con el terrorismo. Una situación que creo un
ambiente en el que se pensó que en Ajuria Enea se podía
sentar un lehendakari no nacionalista. Algo insólito hasta
entonces. Sin embargo el PNV gana las elecciones autonómicas
de 2001 y el lehendakari se siente fuerte para presentar su
Plan en septiembre de 2002. A pesar de que Ibarretxe insiste
en que su proyecto pretende establecer “un nuevo marco de
relación amable de Euskadi con España”, socialistas y
populares lo tachan de “rupturista”. En cualquier caso, el
futuro de la estrategia del PNV, -avance o ralentización del
proceso soberanista- depende de los resultados de las
elecciones autonómicas del 2005. En función de éstos la
formación jeltzale se situará en un lado u otro.
En el Aberri
Eguna (“Día de la Patria Vasca) de 2004 se esperaba que
ETA anunciara una tregua. Se oían tambores de alto
el fuego desde hacia unos meses. Sobre todo desde que en
febrero ETA declarase una tregua parcial en Cataluña,
como resultado de la reunión que el líder de ERC, Josep Lluís
Carod Rovira, mantuvo con la cúpula terrorista en Perpiñan.
Sin embargo, el atentado del 11 de marzo en Madrid, tres días
antes de las elecciones generales, y el triunfo socialista,
hicieron cambiar de decisión a ETA. El propio Otegi declaraba
días después de los comicios que confiaba en que el nuevo
presidente socialista “abriese una nueva etapa”. La banda
terrorista no ha perdido la esperanza de conseguir sus
objetivos y negociar con el Gobierno español.
Las relaciones entre
el PNV y Batasuna-ETA después de la ruptura de la tregua
(noviembre de 1999) se han complicado porque cada una de las
partes acusa a la otra del fracaso del acuerdo de Estella. Hoy
Batasuna, una formación ilegalizada, no despierta el interés
para los dirigentes nacionalistas de épocas pasadas. O dicho
de otra forma, ningún interés mayor que obtener el voto de
los que antes apoyaban a la izquierda abertzale. De mantenerse
su ilegalización Batasuna dejará de existir como fuerza política
en el Parlamento Vasco después de las elecciones autonómicas.
En cuanto a ETA, la
organización terrorista atraviesa una situación de debilidad
desconocida hasta la fecha por el goteo de detenciones de sus
comandos y dirigentes. El 3 de octubre de este año la Policía
detenía al principal ideólogo de la banda, Antza
–el interlocutor de ETA en las conversaciones con los
dirigentes del PNV en 1998- y a su compañera Anboto. La
captura policial, un golpe directo al cerebro de la serpiente
terrorista, tiene importantes repercusiones dentro de la política
vasca. Además de dificultar como nunca que ETA vuelva a ser
la organización con capacidad para dictar la agenda política,
esfuma parte de los efectos pacificadores del Plan que
Ibarretxe ha presentado como la panacea para conseguir la paz
en Euskadi.
En resumen, el libro “PNV-ETA, Historia
de una relación imposible”, escrito por Sagrario Morán,
profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey
Juan Carlos, de Madrid, y editado recientemente por Tecnos,
abre muchas puertas que hasta ahora han estado cerradas al análisis
de la opinión pública.
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