El gobierno cubano de Fidel Castro intenta recaudar dinero a toda costa, en un último intento por su supervivencia. El último caso lo protagonizó en España, el pasado 14 de marzo, cuando el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña vio la causa que se sigue por el intento del gobierno cubano de quedarse con la marca y la denominación de los establecimientos que llevan por nombre "La Bodeguita del Medio" y que operan en España desde hace más de una década sin el intervensionismo castrista, y con todos los permisos en regla.
La marca "B del M" es una insignia que el gobierno de Fidel Castro quiere rentabilizar y hacer suya a toda costa, a pesar de que fuera Castro quien en su día bajo la bandera de La Revolución se la expropió a un español de nombre Angel Martínez. Era la celebre "Casa Martínez" situada en el barrio viejo de La Habana, y se llamaba de "en medio" por qué a diferencia de todos los demás establecimientos de La Habana éste no estaba situado en una esquina sino en el medio de la calle.
Considerado como la Meca del cerdo asado y la más típica oferta culinaria cubana, La Bodeguita -como muchos la conocen- consolidó en los últimos años su papel como símbolo apropiado por el turismo castrista. Su ubicación a unos pasos de La Plaza de La Catedral le convierten en un lugar muy visitado por turistas que beben su célebre "Mojito", un trago a partir de ron cubano ligero, hierba buena, limón, hielo y azúcar. Sin embargo, la fama de la Bodeguita no sólo está en su comida y en sus tragos, sino en una singular costumbre que lleva a los comensales a estampar sus firmas, frases y fotos en las paredes del establecimiento, como una señal indeleble de su paso por allí.
Hoy transcurridos ya 63 años de su historia y de su posterior expropiación por Fidel Castro, el régimen cubano ha logrado hacer de este singular casa su emblema para recaudar millonarios fondos por países europeos y americanos. Y así lo ha hecho a través del paraguas de su empresa publica "Grupo Hotelero Gran Caribe". Sin embargo, en su expansión en España le han surgido serios problemas ya que no tenían registrada la marca, ni la denominación y sí que la tenían registrada distintos grupos empresariales españoles ajenos al control castrista. Estos habian registrado la marca "B del M" años antes anticipándose al régimen castrista. Ahora, en vista que Fidel necesita "hacer caja" a toda costa, el gobierno cubano ha emprendido un pleito en España, en concreto, en los tribunales de Cataluña donde se han aunado parte de los procedimientos abiertos.
El pasado 14 de marzo se vio la vista oral en el Superior de Justicia de Cataluña contra el grupo español Futur Hotel S.A y contra los empresarios mallorquines los hermanos Alfonso y Fernando Robledo, cuyos locales en Madrid, Mallorca o Valencia, con el nombre de La Bodeguita del Medio, triunfan desde hace ya más de 10 años sin apoyos castristas. "Esta es una marca de reconocido prestigio, con larga historia y muy asociada a la cultura y tradiciones de la Isla, y que se distingue por su coctelería y restauración, pero que no es propiedad de Fidel y menos sin tenerla registrada en España. Aquí hay unas leyes que cumplir y esperamos que la Justicia obre en consecuencia, y que no se deje presionar por el ministro de Asuntos Exteriores Cubano, que ha venido recientemente a España y uno de cuyos puntos era éste: recaudar fondos con La B del M. Se da la circunstancia que la empresa demandante cubana (Grupo Hotelero Gran Caribe) es una sociedad constituida con posterioridad a la solicitud que hicimos nosotros de los registros y que nos fue concedida el 1 de mayo de 1996, cuatro años antes", afirma Alfonso Robledo, propietario de las Bodeguita del Medio de Palma de Mallorca y de Madrid, entre otras.
Fue precisamente cuando ante la imposibilidad de recaudar fondos de otra manera, el gobierno cubano a finales de los años noventa comenzó a intentar expandir sus únicos emblemas turísticos, la Bodeguita del Medio y la Floridita, donde acudía frecuentemente el escritor norteamericano Ernest
Hemingway.
Así, a través de la sociedad gubernamental Grupo Hotelero Gran Caribe, Castro comenzó su expansión en aquellos países donde la fiebre del Caribe había penetrado. Se abrieron en el exterior siete réplicas de la Bodeguita del Medio y una del Floridita, en países como México (D.F. y Puerto Vallarta), Italia (Milán), Francia (París), Emiratos Arabes Unidos (Dubai), Polonia (Varsovia) y Gran Canaria (Las Palmas), donde se erigió la primera Floridita.
Para gestionar y hacer caja a través de estos establecimientos, constituyó la compañía pública FTB (franquicia, tradición, beneficios), filial del Grupo Hotelero Gran Caribe. Esta sociedad es la encargada de conceder, mediante contrato, "la oportunidad de extender por el mundo la imagen y marca de famosos y emblemáticos restaurantes cubanos". Los hombres de Fidel pretendían, entre ellos Roberto Marrón Duque de Estrada, presidente de FTB, recaudar millones de dólares a cambio de conceder con carácter de exclusividad un conjunto de derechos. El régimen castrista además controla el negocio ya que aporta el know how para preparar y poner en marcha la instalación.
A cambio, los nuevos propietarios deben pagar a Castro, mensualmente, un royalty equivalente al cinco por ciento de las ventas. Además se debe pagar al régimen la asesoría en el proyecto y en la decoración, cuyo mobiliario debe comprarse en Cuba. Todo ello bajo cláusulas abusivas como "la adecuación del menú base, de la coctelería, de la música y el ambiente en general de la casa, para asegurar que sus atributos sean similares a los de las instituciones originales radicas en Ciudad de La Habana", según consta por escrito en los contratos.
Otro de los condicionantes ineludibles que impone el gobierno cubano es que en estos establecimientos se haga un uso exclusivo de su ron: el ron Havana Club. Por ello los pelitos con la competidora Bacardí son numerosos. Las reacciones de Castro ante cualquier ataque a la posibilidad "de hacer caja" son insospechable. Por ejemplo, hace años anunció que Cuba comenzaría a producir su propio ron Bacardí, retando el derecho internacional de patentes y enfrentándose a la familia propietaria que maneja este imperio ronero desde el exilio. La empresa Bacardí fue fundada por Facundo Bacardí y Masó en Santiago de Cuba en 1862. Tras su expropiación por el gobierno de Castro, la familia Bacardí mantuvo la patente y reorganizó su imperio en el exilio. Hoy tiene su sede en Las Bermudas.
Pero es que Castro no quiere que el dinero se le vaya de las manos y exige que sean los propios cubanos quienes seleccionen al personal que ocupará los puestos de chef, jefe de bar y jefe de salón de estos establecimientos. "Asimismo se proporcionan múltiples opciones para elegir el acompañamiento musical, a la vez que se recomienda el uso de otros productos locales, ofrecidos a precios preferenciales, como el café, jugos, cervezas, dulces, cítricos, langostas y los populares habanos", según obra en los contratos. Todo con el fin de recaudar fondos y como el negocio les ha ido bien, salvo en España, el régimen castrista ya lanzado otra expansión en México, en Italia, en Canarias, en Oman, en Lisboa, en Asunción, en Toronto y en Génova (Italia). También en los antiguos países de Europa del Este, como los checos, yugoslavos, eslovacos, alemanes y bielarrusos.
Pero el verdadero grano le ha surgido en España al comprobar que ya había varias empresas trabajando, y muy bien, con las marcas y denominaciones registradas de "La B del M". Estamos en la guerra de las marcas., o mejor en la manera de recaudar fondos para la supervivencia del gobierno castrista. Y en la España de ZP, su amigo, le ha surgido el problema: las Bodeguitas del Medio llevan ya funcionando muchos años con su denominación registrada oficialmente y ajenos a la injerencia recaudatoria del régimen de Fidel Castro.
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