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El nuevo escándalo de la Cruz Roja

Por Juan Luis Galiacho

Que la Cruz Roja necesita dinero nadie lo duda. Que la Cruz Roja en un organismo que todos necesitamos por su labor social tampoco nadie lo duda. Pero lo que tampoco nadie duda ya es que sus métodos para recaudar dinero burlan la legalidad establecida y rayan con límites de moralidad que deben presidir sus justas causas. Me refiero al nuevo escándalo que acecha a los actuales directivos de Cruz Roja Española deseosos de conseguir dinero al coste que sea.

Para recaudar euros tienen varios métodos. Uno consiste en vender muchos de los hospitales, centros e inmuebles que Cruz Roja Española tiene repartidos por toda la geografía española. Además esta venta se está realizando a entidades privadas, según dicen fuentes de Cruz Roja, “porque el Estado no lo quiere comprar”. Pero, por ahora, el problema no radica aquí. Lo grave consiste en que los dirigentes de Cruz Roja han concedido a una empresa privada, al estilo de las empresas de cobro de morosos, toda la capacidad para recaudar el dinero de donativos y de hipotéticos asociados.

Esta empresa, al estilo de famoso Cobrador del Frac o del Enterrador, lo que hace es presionar a las personas, casi siempre mayores, con métodos que rozan la ilegalidad con el único fin de conseguir dinero al precio que sea, ya que del botín amasado ellos se llevan una gran parte para su bolsillos. El sistema establecido consiste en llamar insistentemente por teléfono a los domicilios particulares de toda España e intentar pillar presa, es decir, hablar con personas mayores. En el momento que se consigue “un pardillo” se le solicita de entrada como mínimo 600 euros y, lo que es aun más grave, el número de cuenta bancaria donde realizar dicho cobro, lo cual vulnera la intimidad que protege la Constitución Española y Europea.

Muchas de estas personas, en su mayoría mayores en casi todos los casos denunciados, no dudan en dar su número de cuenta ya que “es para la Cruz Roja”. Esta utilización de un nombre y una seña, que en muchos momentos ha sido modélico, es el pasaporte utilizado por estas empresas de cobro para conseguir los números de cuentas corrientes. Un hecho que debería ser de inmediato controlado por la Agencia Española de Protección de Datos, que debería abrir una investigación al respecto dadas las denuncias ya presentadas ante Cruz Roja Española por lo que consideran una “fragante vulneración de la intimidad de las personas, en algunos casos, indefensas”.

Muchos familiares de estas personas supuestamente presionadas han telefoneado a la sede de Cruz Roja denunciando este proceder. La respuesta ha sido tajante: “nosotros hemos dado a una empresa privada la recaudación de cuotas y donativos de simpatizantes”. Cuando alguno de los hijos o familiares de los presuntamente engañados han intentado deshacer el entuerto ya no ha sido posible. El número de cuenta corriente ya figuraba en poder de estos supuestos testaferros de Cruz Roja Española. A su vez, cuando a esta empresa privada se la solicitado por los donantes que se personasen en su domicilio para cobrar la cuota, la respuesta ha sido la siguiente: “Nosotros estamos en Madrid y no nos vamos a desplazar hasta allí (refiriéndose a cualquier punto de la geografía española), por lo que necesitamos indispensablemente su número de cuenta corriente”. Basta significar que Cruz Roja tiene delegaciones en todas las comunidades autónomas.

Muchas son ya las voces que exigen que este sistema, cada vez más de moda en España, debe ser controlado de inmediato por la Agencia de Protección de Datos que debe iniciar una investigación sobre el proceder de los actuales responsables de Cruz Roja Española, un organismo con una larga trayectoria que no debe ser utilizada como tarjeta de presentación y recaudación de unos posos privilegiados. Además urge saber dónde van a parar esa larga lista de números bancarios conseguidos por métodos que rayan la ilegitimidad y que pueden vulnerar la legislación europea vigente.

Como diría el recordado José María García: ¡Ojo al dato!... ya lo saben, si llaman de parte de Cruz Roja que se disparen todas las alarmas, que comienza la presión del cobrador de la cruz.

 

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