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Marbella: la corrupción consentida

Por Juan Luis Galiacho

Me lo decía hace unos días el fiscal Carlos Castresana, uno de los creadores de la Fiscalía Anticorrupción junto a Jiménez Villarejo, que durante muchos años fue la bestia negra del "gilismo" en la Costa del Sol, como también lo fue del ex presidente italiano Silvio Berlusconi y del ex director general de la ONCE, Miguel Durán, en su imputación en el "caso Tele 5", que se juzgará el próximo mes de junio en la Audiencia Nacional, así como el impulsor de las denuncias contra Pinochet y los militares argentinos, que ahora cumplen diez años. "Existe una situación endémica de corrupción de la que posiblemente Marbella es el caso más paradigmático, pero que no es una situación exclusiva de ese Ayuntamiento, es de toda la costa y es, en general, posiblemente, de toda la Administración Local. De manera que, no, sorpresa no, incluso sin conocer mucho los detalles".

Castresana, que pronto tomará posesión de su nuevo cargo como fiscal en el Tribunal Supremo, reside mientras tanto en los Estados Unidos donde está en excedencia como profesor invitado en la universidad de San Francisco. Estos días ha regresado a España para participar en un curso sobre Derechos Humanos.

- Sus compañeros de la Fiscalía Anticorrupción siguen dando mucho que hablar con el caso Marbella, del que fue usted pionero.

- Yo no creo en los protagonismos. Las Instituciones hacen las cosas a través de individuos, pero los individuos cambian y las instituciones tienen que seguir ahí. El curso natural de los procesos judiciales tiene que ser ininterrumpido con independencia de las incidencias personales de quienes en cada momento representan a la Justicia.

- ¿Cree que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio? Se me ocurre por ejemplo, al fallecido señor Gil y Gil…

- A veces sí, y a veces, no. Se han dado casos de injusticias notorias, personas que merecían un reproche social o un reproche penal y no lo han recibido. Otras veces sí, y lo que es evidente es que la justicia es muy pesada, es muy lenta, pero suele seguir unas líneas más o menos regulares.

- Esta es una investigación que ya viene de lejos lo cual quiere decir que usted hizo bien su trabajo, que dejó bien sentadas las bases para seguir la instrucción judicial…

- Bueno, creo que puedo considerarme, y tampoco yo solamente, sino un grupo de personas que trabajábamos entonces, en cierta medida, pioneros. Abrimos un camino que resultó muy difícil, en el que encontramos enormes resistencias precisamente porque íbamos abriendo camino en zonas inexploradas, haciendo cosas que hasta ese momento no se habían intentado. Quiero pensar, y en ese sentido, sentirme orgulloso que lo está ocurriendo estos días es, en cierta medida, fruto de que ahora se transita más fácilmente por donde a nosotros nos costó un gran esfuerzo personal. Indudablemente, lo que tenemos que hacer es trabajar para erradicar de una vez la corrupción en la Costa del Sol.

- Usted fue considerado como la bestia negra del "gilismo". ¿Sigue teniendo algún contacto con los miembros de la familia Gil?

- No, ninguno. De hecho, nunca he tenido ningún contacto con ellos.

- ¿Volvería a la Fiscalía Anticorrupción?

- Mi paso por la Fiscalía Anticorrupción ha sido una experiencia que forma parte de mi vida y fue inolvidable. A veces, uno siente nostalgia, sin duda, de momentos que a pesar de que han podido ser duros y amargos, han sido también muy constructivos personalmente, y que te han formado como persona, te han marcado. Pero yo aún me considero una persona joven, tengo 48 años, y me quedan muchas cosas por hacer.

- Ya quedan muy pocos de los fiscales que en su día constituyeron la temible Fiscalía Anticorrupción.

- Insisto, creo que en lo que hay que apostar es en los modelos a medio y largo plazo, no en las individualidades a corto plazo. Hay que crear estructuras que puedan supervivir más allá del tiempo, más allá de las personas y de los individuos.

- Dígame, ¿desde fuera, cómo se ve la situación jurídica y política en España?

- La situación en España es buena, en general. Somos un Estado de Derecho con un nivel de principio de legalidad bastante superior a la media, incluso en la Unión Europea. Y en este contexto, viniendo como venimos de una dictadura muy larga de más de cuarenta años, creo que en muy poco tiempo España ha construido una democracia razonablemente sólida y razonablemente exportable como modelo. Podemos sentirnos orgullosos de eso.

- ¿Usted cree que existe una politización desmedida de la Justicia, hoy en España?

- No creo que sea distinta de lo que ocurre en otros países. Hay comportamientos desviados pero no sólo en España, sino en casi cualquier parte. A la Justicia siempre se la intenta manipular. También a veces los comportamientos de los Tribunales de Justicia dejan mucho que desear, pero creo, que en su conjunto la valoración es positiva y que lo tenemos que hacer es que en las partes en las que se están produciendo claramente disfunciones, intentar buscar un acuerdo, que debería ser de Estado, porque no es un problema de un Gobierno o de un partido. Tenemos que llegar a un pacto de Estado para mejorar esas deficiencias estructurales con el fin de ofrecer una Administración de Justicia más ágil, más rápida, más eficaz y más de servicio público a los ciudadanos.

- Berlusconi estuvo imputado hasta el momento en que los cargos públicos que ocupó, por una parte en el Parlamento Europeo y, por otra parte, en Italia, hicieron que la causa tuviera que suspenderse para respetar su inmunidad, que no es un privilegio personal sino que corresponde a Italia como Estado soberano y, en este caso, también al Parlamento Europeo respecto de uno de sus miembros. El procedimiento está por ahora suspendido respecto de Silvio Berlusconi y de Marcelo Dell Utri, que estaba en la misma situación. Pero yo supongo que dentro de la normalidad de las cosas, y en el momento en que desaparezcan las causas que generan la inmunidad, el caso se reanudará respecto de ellos porque no prescribe.

- También se cumplen ahora diez años desde que usted interpuso las denuncias contra la Junta Militar Argentina y Chilena por crímenes contra la Humanidad, dando lugar al ya archifamoso "caso Pinochet"...

- Todos estos casos de los que venimos hablando son muy trabajosos y cuesta mucho obtener resultados porque son casos pioneros. Uno va abriendo camino sin tener una intención especial de hacerlo pero es un hecho, y cuando vas abriendo camino, naturalmente, te encuentras con muchas más dificultades que cuando vas siguiendo una ruta ya trillada, que otro abrió por ti y que tuvo su coste, pero no para ti. Cuando nosotros empezamos en marzo del año 1996 con los casos de Argentina y de Chile ni nosotros mismos pensábamos que se iba a poder conseguir la detención del General Pinochet en Londres como ocurrió dos años y pico después. Y, desde luego, muy poquitos pensaron que pudiéramos obtener algún resultado, siquiera un resultado de tipo jurídico, crear un precedente, etcétera. En ese momento no lo sabíamos, pero estábamos pulsando unas figuras muy sensibles para mucha gente. Y toda esa gente, en este y aquel lado del océano, se puso a trabajar inmediatamente y por eso creo que, en justicia, hay que reconocer que los resultados no son obra de la intervención de una determinada persona sino de ese grupo de personas que, posiblemente, no son muchos miles sino unos cientos de personas, pero de voluntad inquebrantable y de constancia a prueba de cualquier circunstancia de desánimo y que son las que hacen estos casos posibles. Es decir, el mérito de procesamiento del presidente argentino Videla treinta años después de cometer sus crímenes es fruto de las madres y de las abuelas de la Plaza de Mayo y quien no sepa verlo o es muy obtuso o es demasiado vanidoso. Y el triunfo de las víctimas de Pinochet sobre Pinochet, rompiendo la impunidad perfectamente estructurada y permitiendo que treinta años después la presidenta de Chile sea una mujer torturada, víctima del torturador que usurpó el poder, es también el triunfo de quienes en Chile nunca se dieron por vencidos y siguieron reivindicando la Justicia.

- Por último, ahora que está usted profesionalmente fuera del día a día judicial y que habrá tenido momentos para recapitular ¿se siente orgulloso del trabajo realizado a pesar de todas las presiones que ha sufrido, incluso, con amenazas de muerte?

- Me siento satisfecho en el sentido de que uno procura hacer el trabajo que corresponde con su responsabilidad en cada lugar y en cada momento. Y que procura hacerlo honestamente y lo mejor que sabe, puede y las circunstancias le permiten. También le digo que los frutos siempre son relativos porque no dependen de uno. Por lo tanto, para bien o para mal, son como criaturas que echas al mundo pero que luego tú puedes acompañar de la mano sólo hasta cierto punto. A partir de ahí, hacen su recorrido por sí solas o de la mano de otras personas. Pero sí me siento satisfecho, no sé si diría orgulloso, aunque de algunas cosas sí, francamente orgulloso.
  

 

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