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Lo que esconden las aseguradoras
Por Juan Luis Galiacho
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Siempre detrás de una escritura, de un contrato, se esconde una cláusula en letra pequeña que beneficia al propietario y perjudica al contratante. Pero, desgraciadamente, nadie las lee, ni las revisa, ni supervisa. Eso ocurre con las condiciones del seguro de accidentes vinculado a las tarjetas Visa. Aunque sus gestores publicitan a bombo y platillo un aparente beneficio para los usuarios, en ellas, y en letra pequeña, se esconden cláusulas muy significativas de riesgos excluidos en caso de accidentes que constituyen un auténtico "chollo" para las aseguradoras y un cerco definitivo al usuario, a quien se le rebajan casi al 100 por 100 sus hipotéticos beneficios. Fíjense, últimamente las tarjetas Visa han incorporado el siguiente condicionado en su seguro de accidentes para evitar pagar cantidades monetarias en los siguientes casos, algunos de ellos muy normales en la vida de hoy en día:
"Quedan excluidos [de pago] los accidentes que sean consecuencia de actos terroristas, guerra civil, guerrilla, guerra internacional, pronunciamientos militares, alzamientos e insurrecciones civiles, revoluciones, huelga o motín. Asimismo se excluyen los sobrevenidos por la manipulación en tiempos de paz de artefactos y armas de guerra, sin necesidad profesional. Se excluyen los accidentes acaecidos en aviones TUPOLEV-154, así como los ocurridos en cualquier medio de transporte cuyo destino sea uno de los siguientes países: Irán, Irak, Pakistán, India, Angola y Eritrea".
Sobran las palabras. Pero, a este paso, lo que sobran son los seguros de vida de las tarjetas Visa. Es mejor que nadie intente engañar al beneficiario de estas tarjetas, supuestamente estrellas, con promesas efímeras que nunca cumplirán. Por ejemplo, ¿Qué pensarán los familiares de las cerca de 200 víctimas del sangriento atentado del 11-M en Madrid? ¿Son menos personas que otras porque fueron víctimas inocentes? Supongo, y creo acertar, que más de una de estas víctimas tenía una tarjeta Visa asociada a una entidad bancaria donde guardaba sus sufridos ahorros. Sin embargo, sus allegados no percibirán ni un solo euro del seguro de vida de esta tarjeta, ya que son víctimas de un atentado terrorista, en
este caso de significado islamista.
De entrada surgen varios interrogantes: ¿Es diferente morir en un atentado propiciado por unos cobardes terroristas que en un accidente automovilístico ocasionado por un negligente o borracho conductor? ¿Tienen diferente calado humano las víctimas? ¿Existe una diferente clasificación para los muertos? ¿Existen víctimas de categoría A,B,C...? Todo indica que la respuesta es afirmativa para los gestores de las tarjetas Visa y para las entidades bancarias asociadas a ellas.
Pero detrás de esta disquisición, como siempre, se esconde una cuestión puramente económica, simplemente de ahorro de dinero. Poco importan las vidas humanas y las tragedias familiares que quedan detrás de estas muertes. Y es que ya lo dice el refrán: "la pela es la pela". Y para las aseguradoras vale más que la vida humana.
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