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Las Cortes condenan al Rey

Por Juan Luis Galiacho

Así de sonoro y de agresivo es el título del nuevo libro que la editorial Espejo de Tinta acaba de sacar al mercado escrito por el periodista e historiador Julio Merino, a quien he tenido el placer de ayudar en su fase documental. Como dice por activa y por pasiva mi amigo Merino "sé y me temo que muchos ojos se habrán alarmado ante la simple visión del título de este libro, pero quiero decirles de entrada que ni en el polémico título ni en el contenido de la obra hay segundas intenciones, ni objetivos políticos". 

El libro es una excelente recopilación de textos sobre el reinado de Alfonso XIII (abuelo del actual Rey de España), que corresponden, entre otros, al "Diario de Sesiones" del Congreso de los Diputados. Por tanto se trata de una excelente labor de síntesis y de investigación que aborda un tema casi virgen en la Historia de España…

Y, en seguida, se preguntarán ustedes: ¿Virgen un acontecimiento tan importante como el "acta de acusación" contara un Rey de España?... ¿Virgen uno de los "sucesos" que más conmovieron a la opinión pública española tan solo después de medio siglo?... pues, en efecto, así es. O casi, ya que exceptuando al Conde de Romanones, Cortés Cavanillas y pocos autores más, aquel acontecimiento ha permanecido en el anonimato histórico.

"La verdad", dice el autor, "es que desde aquellos días del mes de noviembre del año 1931 una especie de losa cayó sobre la condena que las Cortes Constituyentes aprobaron por mayoría contra el rey don Alfonso XIII. Primero, durante los años de la República, ya que otros acontecimientos oscurecieron la jornada histórica en que se declaro "culpable de alta traición" a Su Majestad Católica… Luego, durante la Guerra Civil, porque la fuerza de las armas ahogó cualquier cosa que no fuera el ansia de victoria. Después, terminada la Guerra y durante los cuarenta años del franquismo, porque no resultó oportuno "recordar la soga en casa del ahorcado"… ¿Cómo recordar aquella lamentable sesión de las Cortes del 19 y 20 de noviembre en una España que, por decisión de Franco, ya era un Reino… si en ellas se había denigrado la Monarquía?

¿Y en la Democracia?... ¿Por qué hasta el momento de escribir estas líneas no se ha planteado el "rectificar" aquella unánime condena del rey don Alfonso, en él y su descendencia?... Esto está más claro: sencillamente, porque el socialismo en el Poder no ha querido recordar que fueron unas Cortes es su mayoría socialistas las que declararon al Rey culpable de "alta traición" y, por tanto, "fuera de la Ley".

Desgraciadamente para algunos, estos silencios políticos no han podido borrar ni una sola página de la Historia y ahí están, todavía, y para siempre, aquellas páginas oficiales que recogen el "acta de acusación" contra Su Majestad el Rey Alfonso XIII.

Silenciar aquellas palabras que figuran en el Diario de Sesiones del Congreso sería como si un historiador inglés silenciase la decapitación de Carlos I de Inglaterra, o si un francés se saltase la página de Luis XVI en la guillotina… o si un ruso eliminase la tremenda, cruel y trágica jornada de Ekaterimburgo.

En aquella jornada histórica, pasadas las 3:30 de la madrugada del 20 de noviembre, el texto definitivo que aprobaron las Cortes por mayoría absoluta decía:

"Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo y Lorena. Privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. 

Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, derechos y títulos, que no podrá ostentar legalmente ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representantes elegidos para votar las nuevas normas del Estado, le declaran decaído, sin que pueda reivindicarlos jamás para él ni para sus sucesores. 

De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba dárseles. 

Esta sentencia, que aprueban las Cortes soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones".

Pero antes de llegar a esta conclusión habían pasado muchas cosas, entre otras aquel "gesto real" del joven Alfonso XIII del 17 de mayo de 1902; el famoso discurso de Su Majestad en Córdoba del año 21; el 13 de septiembre de 1923 cuando con o sin "impulso soberano" fue adivino de la dictadura de Primo de Rivera; la estampida de los monárquicos al campo republicano del año 1930; el 14 de abril de 1931, el día aquel que mientras el Rey salía por la puerta de atrás llegó por la puerta grande la República; las Cortes Constituyentes y la "comisión de responsabilidades"…

De todo esto trata este nuevo libro, de aquella famosa "acta de acusación" contra Alfonso XIII y de cómo se desarrollaron las sesiones de Cortes de julio, agosto, septiembre, octubre y, sobre todo, las cruciales de los días 12, 19 y 20 noviembre de 1931. Lo que Merino narra es pura Historia de España; los "hechos" acaecidos durante la primavera, el verano y el otoño del año 1931; el tratamiento que los republicanos de aquel histórico 14 de abril dieron a la persona del Rey de España y a la Monarquía ya fenecida… 

Algo que es verdaderamente chocante visto desde hoy… por cuando los sucesores de aquellos llamados "revolucionarios" conviven, amparan y sostienen la Corona que entonces pisotearon con sus improperios, sus venganzas y sus ataques furibundos. ¿Qué pensarían hoy Indalecio Prieto, Largo Caballero, Azaña, Besteiro, Alcalá Zamora y tantos otros…? 

Para concluir, en un "libro-documento" lo importante deben ser los "documentos" y en éste de "Las Cortes condenan al Rey" se plasman debidamente. Por eso como dice el autor "si lo que aquí se narra le encrespa o le apasiona no dirija sus miras hacia mí… Lo bueno y lo malo del pasado les corresponde por entero a "ellos", es decir, a quienes protagonizaron los acontecimientos".

 

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