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Al editor Jesús de
Polanco, dueño del holding multimedia de
Prisa, y a quien sus súbditos conocen cariñosamente
con el apodo del “yayo”, ya piensa en su
retirada paralelamente a la creciente toma de
poder en la sociedad española, como ha ido
contando sucesivamente e-defensor durante
estos años. En algún momento hemos afirmado,
anticipándose a lo que actualmente sucede,
que uno de los principales problemas de
Polanco y su multimedia iría unido a su
posible sucesión.
A sus 77 años ya ha
situado a sus hijos y sobrinos al frente de su
imperio mediático. Son los herederos de uno
de los grupos más poderosos de toda Europa e
Iberoámerica. Son los descendientes del
empresario más rico de la Bolsa española.
Son los dueños del imperio multimedia que
abarca, entre otros, al grupo Prisa, (diario
El País), al grupo Sogecable (Digital Plus y
la retransmisión de eventos deportivos), y a
la Cadena Ser. Se calcula que la familia
Polanco controla un paquete de acciones
superior a los 2.500 millones de euros (es
decir, cerca de medio billón de las antiguas
pesetas). Esta cifra ya le sitúa por encima,
incluso, del banquero Emilio Botín. Por eso,
al acabar el año 2005 fue elegido uno de los
cinco hombres más influyentes de España y,
según la revista Forbes, ocupa el puesto 258
de los hombres más ricos del mundo, con una
fortuna de 2.700 millones de dólares (cerca
de 3.000 millones de euros).
Hoy, todo el mundo sabe que los Polanco
constituyen una de las sagas familiares más
poderosas de España, gracias, entre otras
cosas, a la utilización de su grupo mediático
y las ayudas que han recibido y han prestado a
determinados gobiernos.
Es una saga formada por los cuatro hijos de “don Jesús”,
fruto de su matrimonio con Isabel Moreno
Puncel: Ignacio, Manuel, Isabel y María Jesús.
Los tres primeros trabajan full time por y para el grupo familiar, presidiendo más de 20
empresas y figurando en cerca de setenta. La
única que no lo hace es María Jesús, que
siempre ha estado apartada de las tareas de
dirección. Junto a ellos, están los dos
hijos de su segunda mujer, Mari Luz Barreiros:
Alberto y Cristina Comenge Barreiros, quienes
para Polanco son como sus otros dos hijos. Y
luego está el apéndice familiar que lideran
sus fieles sobrinos, encabezados por Javier Díez
Polanco, y los hermanos Jaime y Guillermo
Polanco Soutullo. Y sin olvidar al ideólogo
del grupo, el periodista Juan Luis Cebrián.
Hace unos años el dueño de este imperio
confesaba a un reducido grupo de amigos íntimos:
“Los hijos han de heredar el negocio, pero
no necesariamente han de gestionarlo”. Hoy,
dice que sus herederos perfeccionaran su obra,
fabricada a base de constancia, capacidad y
contactos.
Por ejemplo, los que le han favorecido con la concentración
de los medios y los que han tapado los múltiples
interrogantes surgidos tras la fusión
digital. Una concentración que contó con el
visto bueno del gobierno popular del ex
presidente José Maria Aznar quien autorizó
el 29 de noviembre de 2002 la absorción de Vía
Digital (Telefónica-Alierta) por parte de
Canal Satélite Digital (Sogecable).
Precisamente, Polanco, inauguraba un mes antes
a esta señalada fecha la nueva y ostentosa
sede de su grupo en la localidad madrileña de
Tres Cantos. Y lo hacía arropado por lo más
granado del empresariado nacional y por dos
distinguidos miembros del PP: su actual
presidente, Mariano Rajoy, y el hoy alcalde de
Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Todos se
apuntaban a una foto de familia, que pasará a
la historia, como también lo hizo la célebre
foto de la creación de Canal Plus en
septiembre de 1990, donde el editor cántabro
estaba rodeado de la crème de la crème
de las finanzas españolas: los March, los
Ybarra, los Matías Cortés (Operación Sacyr),
etc.
Polanco siempre se ha creído
Dios, sólo basta repasar alguna de sus perlas
dialécticas: “no hay cojones para negarme a
mi una televisión en España” o “quien se
enfrente a mi, que se marche del país”. Su
poder en España es incuestionable y ha ido en
aumento, al igual que su imperio. Prisa y el
PSOE han mantenido siempre, y hasta ahora, una
relación endogámica. Una relación que va más
allá de nuestras fronteras. El imperio de
Polanco es inmenso. Es imposible hacer vida
cotidiana sin toparse con un negocio de
Polanco: bien leer el periódico, estudiar, ir
al cine, ver la televisión, escuchar música
o comprar un libro o un CD en Crisol, eso sin
pasar por el Círculo de Bellas Artes de
Madrid.
Recientemente, emulando a
Cristóbal Colón, el editor y su fiel asesor
Juan Luis Cebrián se han lanzado a la
conquista americana. Ya en febrero de 2003,
Felipe González medió en el acuerdo entre
Prisa y los mejicanos de Televisa. Este hecho
ratificaba que la buena sintonía ente el ex
presidente y Jesús de Polanco se mantenía al
otro lado del Atlántico. La firma de acuerdos
con casi todos los gobiernos de América ha
catapultado a Jesús de Polanco y a su
familia, que ya controlan el mercado de la
comunicación en Hispanoamérica. Sin embargo
alguna de estas alianzas, como la de Polanco y
el millonario Azcárraga, no respeta la ley
mexicana de Inversión Extranjera. Cuando el
14 de octubre de 2001 Prisa compró por 50
millones de dólares el 50% de Radiopolis, la
cadena radiofónica de Televisa con 17
estaciones repartidas por todo México, se
saltaba a la torera una norma que impide el
control de este tipo de negocios a empresarios
extranjeros. Esta ley establece que los
servicios de radiodifusión mexicana están
reservados a sociedades de este país e
impiden que cualquier grupo extranjero pueda
participar en ellos ni siquiera a través de
fidecomisos o pactos sociales para hacerse con
su control.
Pero parece a que
Polanco, con ya 77 años edad, todo le da
igual o se lo pasa por el forro de su
caprichos. Como así ha ocurrido con la
sentencia del Tribunal Supremo contra la
concentración de las emisoras de radio Antena
3 y la Ser, cuyo control otorgó el gobierno
de Felipe González al grupo Prisa mediante la
sociedad resultante, Unión Radio La operación
de desembarco de Polanco en Antena 3 Radio se
remonta a 1992, en ese momento era la cadena
radiofónica líder en audiencia, y se fraguó
por vía de un pacto con Javier Godó, conde
de Godo (propietario de Antena 3). Estos
acuerdos fueron denunciados por varios
periodistas y hoy en día todo continúa
dormido, como también ocurre con la
vigilancia sobre los desmanes de determinados
operadores de televisión, sobre todo de carácter
local (Localia).
Por eso, tenemos Polanco para Rato –y no
va en doble sentido, a pesar del favor del ex
ministro popular sobre los presuntos fraudes
fiscales denunciados del grupo Prisa-. En
canal como en abierto el polanquismo
continúa.
Y máxime cuando sus hijos se han hecho más
fuertes. Por ejemplo, y comos ecuenta en el
libro LOS
HEREDEROS DEL GRAN PODER (La Esfera de los
Libros) el poder de Manuel
Polanco va creciendo día a día dentro del
imperio mediático. Así se pudo comprobar
cuando a finales de marzo de 2006 logró
convencer a su padre, en contra de la opinión
del consejero delegado de Prisa Juan Luis
Cebrián, que era necesario un cambio
generacional en la dirección del diario El
Pais, situando al frente del buque insignia a
un hombre de su entera confianza y fiel a sus
intereses: Javier Moreno, que sustituía en el
cargo a un histórico como Jesús Ceberio.
Moreno, nacido en París en 1963 y licenciado
en Ciencias Químicas por la Universidad de
Valencia, se formó como periodista en el máster
de la Escuela de El Pais en la Universidad Autónoma
de Madrid. A su llegada al grupo Prisa en 1992
ya se situó en la órbita más próxima de
Manuel Polanco: primero, en la edición del
periódico en México, que el hijo de Polanco
dirigía; después al ser nombrado director
del rotativo económico Cinco Días y por último
al encargarse de la coordinación de la edición
dominical de El Pais, todas estas áreas están
controladas directamente por Manuel Polanco,
hoy señalado como el verdadero factotum
en la sombra.
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