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Blas Herrero Fernández, al que sus compañeros llaman "el Sarasola asturiano", puede convertirse en uno de los empresarios más ricos de España si finalmente la cadena de radio Onda Cero, propiedad del grupo Planeta, le abona los 185 millones de euros por el incumplimiento del contrato de la cesión de emisoras para la puesta en marcha de Kiss
FM, cuyo contencioso se acaba de dirimir en un laudo arbitral. Pero la vida de Blas Herrero es un cúmulo de circunstancias y casualidades, que le hicieron abandonar las vacas por los micrófonos, para servir primero a los intereses de su partido (el PSOE) y luego a los suyos propios. Poco a poco fue levantando un emporio mediático en detrimento de sus compañeros de viaje, los guerristas, y acumulando una fortuna que nunca sospechó.
Blas, persona muy próxima a la vieja guardia del Partido Socialista Obrero Español en Asturias, levantó toda su fortuna gracias al Gobierno de Felipe González y a los caprichos de su entonces vicepresidente, Alfonso Guerra. Herrero fue el más beneficiado por el Gobierno de González en las concesiones de radios de FM que se concedieron entre 1989 y 1992.
Por entonces, los dirigentes socialistas, encabezados por Alfonso Guerra, habían seleccionado un grupo de personas de "máxima" confianza para controlar las nuevas concesiones radiofónicas que iban a otorgar. Blas Herrero formaba parte de la llamada "Operación Arco Iris", diseñada en la primavera de 1989 en el despacho de José María Calviño, ex director general de RTVE. Se trataba de crear una gran cadena de radio al servicio del PSOE. Toda la estrategia había sido supervisada por el secretario personal de Guerra, Rafael "Fali" Delgado; por el director general de Medios de Comunicación Social, Francisco Virseda; por el secretario general de Presidencia, Roberto Dorado; por el director general de Telecomunicaciones, Javier Nadal; y por el ministro de Relaciones con las Cortes, Virgilio Zapatero, que ejercía de supervisor general. Todos estaban de acuerdo en que era el momento más idóneo para crear la gran cadena radiofónica socialista.
Se daba la circunstancia que a las 153 emisoras que tenía que conceder el Gobierno central se unían otras 198 que correspondían a siete comunidades autónomas, de las que el PSOE tenía controladas cinco. Era una oportunidad que no había que dejar pasar y así también lo entendió el entonces secretario de finanzas del PSOE, Guillermo Galeote, inculpado en el caso Filesa, y que puso todo el dinero que había en la llamada "caja común de la izquierda" al servicio de esta causa mediática.
Tres fueron los nombres elegidos para esta operación: el publicista Ángel Cambronero, el periodista y abogado, Jordi García Candau, ex director general de RTVE y ahora director general de la televisión publica castellano manchega de José Bono, y el empresario asturiano Blas Herrero. Éste estaba llamado a convertirse en uno de los principales baluartes de la "Operación Arco Iris". Su presencia no sólo se reducía a ser propietario de varias emisoras de radio, sino que así se incorporaba a la trama Filesa, ya que todo el mapa radiofónico se gestionaba y dibujaba desde la sede de Filesa, situada en la calle Barquillo, de Madrid. El diputado Carlos Navarro, uno de los cerebros de la trama Filesa, encargó al economista Alberto Flores que llevará toda la contabilidad de las emisoras de Blas Herrero, que se unieron en torno a una sociedad denominada Radio Blanca.
El candidato del PSOE para dirigir todo este emporio de medios radiofónicos era Jordi García Candau, que había sido director general de la emisora pública Radio Cadena Española. Pero su posterior nombramiento como director general de RTVE dejó a Herrero como única cabeza visible al frente de "su" Radio Blanca. De hecho, García Candau le asesoraba en todos sus movimientos. El nombre de Candau aparece relacionado tanto con Blas Herrero como con la propia Filesa en la agenda particular de otro de los cerebros de la trama, el catalán Luis Oliveró. La dirección de contacto era Jorge Juan 36, 3ºD. Este piso, semivacío, correspondía a la oficina que Radio Blanca abrió después de su periplo por la calle Barquillo e, incluso, llegó a utilizar como domicilio un buzón de la Gran Vía madrileña.
Con la "caída" de Candau, Herrero se situó a la cabeza de toda la "Operación Arco Iris". Se presentó al concurso con cinco sociedades diferentes: Radio Blanca, Emisión 7, Radio Alfa, Abalazzuas y Onda Ondaranda. Una de las principales concesiones que obtuvo fue la emisora de Valencia. En Galicia, recibió en Vigo la más preciada concesión, con 7.000 watios de potencia. Fue la última decisión que tomó el gobierno gallego, entonces presidido por el socialista Fernando González Laxe, tan sólo 24 horas antes de celebrarse las elecciones autonómicas que dieron el triunfo a Manuel Fraga.
Para entonces, Blas Herrero contaba con el apoyo sin fisuras del aparato guerrista. Su amistad, que sigue existiendo, con la vieja guardia del PSOE asturiano era su tarjeta de presentación y entrada. Herrero mantenía una estrecha amistad con el que fuera presidente del Principado de Asturias, el famoso presidente del "Petromocho", Juan Luis Rodríguez Vigil, con el presidente de la Asociación de Amigos del Sahara y entonces alcalde de Oviedo, Antonio Masip Hidalgo, y con los ministros asturianos del Gobierno González, Luis Martínez Noval (Trabajo ) y Gustavo Suárez Pertierra (Defensa). Era el entonces potente clan asturiano, al que también se les unía en sus reuniones el conocido líder de la minera asturiana, el sindicalista de SOMA-UGT José Ángel Fernández Villa.
Pero el llamado "Sarasola asturiano", pronto dejaría su inicial negocio lácteo para depositar todas sus esperanzas económicas en el sector de la radio. En esa época de río revuelto, finales de los ochenta y primeros de los noventa, habían aparecido en escena grupos como la Organización Nacional de Ciegos, "propiedad" de Miguel Durán, que había decidido crear su propia cadena de radio fundando la sociedad la Divercisa. La Once de Durán llegó a un acuerdo de explotación con muchos de los favorecidos del PSOE, como el propio Blas Herrero. Esta organización había comprado la cadena Rato y quería configurase como una de las grandes emisoras de radio de España constituyendo Onda Cero. Y ahí apareció Herrero con sus entonces 49 emisoras, que emiten la programación de esta cadena desde su nacimiento. Emisoras, que según afirma el economista Alberto Flores, uno de los imputados en el caso Filesa, "no le correspondían ya que eran del partido. Herrero sólo figuraba como testaferro y no puso ni una sola peseta. Tengo los documentos contables que lo atestiguan y que saqué de las oficinas para que no los requisara Marino Barbero. Todo el dinero lo puso en metálico Carlos Navarro, que depositó en caja 100 millones de pesetas, ya que por entonces no había que abrir cuenta bancaria. Al final del primer ejercicio aún quedaban 87 millones líquidos. Y cada vez que se necesitaba dinero se pedía y lo ponía". Con el tiempo, Blas Herrero situó sus oficinas en la calle Marqués de Urquijo, de Madrid, a escasos metros del despacho profesional de José María Calviño, y muy cerca de la sede socialista de Ferraz. Poco a poco fue acumulando emisoras hasta llegar a una cifra que, hoy en día, se acerca al centenar.
Esta semana, el consejo de administración de Antena 3 tomará la decisión. La quiebra, el pago o el liderazgo de Blas Herrero, que se haría con la tercera cadena radiofónica de España, con lo que el PP se quedaría prácticamente, de la noche a la mañana, sin ningún medio de comunicación como altavoz de sus reivindicaciones y pretensiones. Otro cúmulo más de fatalidades para su semana negra. El fin mediático del aznarismo. Y es que al final la prepotencia y la chulería se paga.
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