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Varapalo a Fidel: la Justicia le quita las "Bodeguitas" en España

Por Juan Luis Galiacho

Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no acepta que los locales de moda (copas y comidas) denominados “La Bodeguita del Medio” sean propiedad única y exclusiva de Fidel Castro y del gobierno cubano. El gobierno castrista intentó a toda costa quedarse con la marca y la denominación de los establecimientos que llevan por nombre “La Bodeguita del Medio” y que operan en España desde hace más de una década sin el intervensionismo castrista, y con todos los permisos en regla.

La Justicia española acaba de determinar que marca “B del M” no es una insignia o nombre exclusivo del gobierno de Fidel Castro, a pesar de que fuera Castro quien en su día bajo la bandera de La Revolución se la expropió a un español de nombre Angel Martínez. Era la celebre “Casa Martínez” situada en el barrio viejo de La Habana, y se llamaba de “en medio” por qué a diferencia de todos los demás establecimientos de La Habana éste no estaba situado en una esquina sino en el medio de la calle.

Hoy transcurridos ya 63 años de su historia y de su posterior expropiación por Fidel Castro, la Justicia española acaba de dar un gran varapalo al régimen cubano que hasta este momento ha logrado hacer de esta singular casa su emblema para recaudar millonarios fondos por países europeos y americanos. Y así lo ha hecho a través de la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña donde se afirma que las marcas, rótulos y denominaciones no son exclusividad, ni propiedad de nadie por el simple hecho de arrogarse su título, sino que se rigen por la legislación vigente de patentes y marcas.

Para la empresa pública cubana “Grupo Hotelero Gran Caribe”, su expansión en España se ve de esta forma muy limitada, ya que no tenía registrada la marca, ni la denominación y sí que la tenían registrada distintos grupos empresariales españoles ajenos al control castrista. Estos habían registrado la marca “B del M” años antes anticipándose al régimen castrista.

Sin embargo, en vista a que Fidel Castro necesita “hacer caja” a toda costa, el gobierno emprendió un pleito en España, en concreto, en los tribunales de Cataluña donde se han aunado parte de los procedimientos abiertos. La respuesta ha sido contundente: la marca “B del M” no es propiedad en España del gobierno cubano.

El pasado 14 de marzo se vió la vista oral en el Superior de Justicia de Cataluña contra el grupo español Futur Hotel S.A  y contra los empresarios mallorquines los hermanos Alfonso y Fernando Robledo, cuyos locales en Madrid, Mallorca o Valencia, con el nombre de La Bodeguita del Medio, triunfan desde hace ya más de 10 años sin apoyos castristas.

Se da la circunstancia que la empresa demandante cubana (Grupo Hotelero Gran Caribe) es una sociedad constituida en el año 2000, con cuatro años de posterioridad a la solicitud que los empresarios mallorquines, los hermanos Robledo, realizaron el 1 de mayo de 1996.

Precisamente ante la necesidad de recaudar fondos de otra manera, el gobierno cubano a finales de los años noventa y comienzos del 2000, intentó expandir sus únicos emblemas turísticos, la Bodeguita del Medio y la Floridita, donde acudía frecuentemente el escritor norteamericano Ernest Hemingway. Así, a través de la sociedad gubernamental Grupo Hotelero Gran Caribe, Castro comenzó su expansión en aquellos países donde la fiebre del Caribe había penetrado. Se abrieron en el exterior siete réplicas de la Bodeguita del Medio y una del Floridita, en países como México (D.F. y Puerto Vallarta), Italia (Milán), Francia (París), Emiratos Arabes Unidos (Dubai), Polonia (Varsovia) y Gran Canaria (Las Palmas), donde se erigió la primera Floridita.

Para gestionar y hacer caja a través de estos establecimientos, constituyó la compañía pública FTB (franquicia, tradición, beneficios), filial del Grupo Hotelero Gran Caribe. Esta sociedad es la encargada de conceder, mediante contrato, “la oportunidad de extender por el mundo la imagen y marca de famosos y emblemáticos restaurantes cubanos”. Los hombres de Fidel pretendían, entre ellos Roberto Marrón Duque de Estrada, presidente de FTB, recaudar millones de dólares a cambio de conceder con carácter de exclusividad un conjunto de derechos. El régimen castrista además controla el negocio ya que aporta el know how para preparar y poner en marcha la instalación.

A cambio, los nuevos propietarios deben pagar a Castro, mensualmente, un royalty equivalente al cinco por ciento de las ventas. Además se debe pagar al régimen la asesoría en el proyecto y en la decoración, cuyo mobiliario debe comprarse en Cuba. Todo ello bajo cláusulas abusivas como “la adecuación del menú base, de la coctelería, de la música y el ambiente en general de la casa, para asegurar que sus atributos sean similares a los de las instituciones originales radicas en Ciudad de La Habana”, según consta por escrito en los contratos.

Otro de los condicionantes ineludibles que impone el gobierno cubano es que en estos establecimientos se haga un uso exclusivo de su ron: el ron Havana Club. Por ello los pelitos con la competidora Bacardí son numerosos. Las reacciones de Castro ante cualquier ataque a la posibilidad “de hacer caja” son insospechable. Por ejemplo, hace años anunció que Cuba comenzaría a producir  su propio ron Bacardí, retando el derecho internacional de patentes y enfrentándose a la familia propietaria que maneja este imperio ronero desde el exilio. La empresa Bacardí fue fundada por Facundo Bacardí y Masó en Santiago de Cuba en 1862. Tras su expropiación por el gobierno de Castro, la familia Bacardí  mantuvo la patente y reorganizó su imperio en el exilio. Hoy tiene su sede en Las Bermudas.

Pero es que Castro no quiere que el dinero se le vaya de las manos y exige que sean los propios cubanos quienes seleccionen al personal que ocupará los puestos de chef, jefe de bar y jefe de salón de estos establecimientos. “Asimismo se proporcionan múltiples opciones para elegir el acompañamiento musical, a la vez que se recomienda el uso de otros productos locales, ofrecidos a precios preferenciales, como el café, jugos, cervezas, dulces, cítricos, langostas y los populares habanos”, según obra en los contratos. Todo con el fin de recaudar fondos y como el negocio les ha ido bien, salvo en España, el régimen castrista ya lanzado otra expansión en México, en Italia, en  Canarias, en Oman, en Lisboa, en Asunción, en Toronto y en Génova (Italia). También en los antiguos países de Europa del Este, como los checos, yugoslavos, eslovacos, alemanes y bielarrusos.

Pero el verdadero grano le ha surgido en España al comprobar que ya había varias empresas trabajando, y muy bien, con las marcas y denominaciones registradas de “La B del M”. Y en la España de ZP, su amigo, le ha surgido el problema: las Bodeguitas del Medio son de quien las tiene registradas y no de quien se cree propietario de todo lo que le rodea, como buen dictador. Nos encontramos en la batalla para recaudar fondos al precio que sea y en los últimos momentos de supervivencia del gobierno castrista.
  

 

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