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El cierre de cualquier teatro supone un manifiesto retroceso en la vida pública. Supone cercenar sin miramiento alguno la cultura. Supone menoscabar un bien tan escaso en una sociedad, la española, que vive sobresaltada entre escándalos financieros, la llegada masiva de inmigrantes y asaltos y secuestros indiscriminados. Por eso, el cierre de un
teatro atenta contra la salud pública al quitarnos el único aire puro que nos queda. Y si el cierre es además de un
teatro histórico, como el Albéniz de Madrid, que regenta un organismo público: la Comunidad de Madrid de
Esperanza Aguirre, significa ir en mayúscula CONTRA LA CULTURA. No valen excusas de que si la Comunidad va inaugurar un
gran teatro, o mejor dicho un megalómano teatro, el del Canal, porque en temas de cultura lo que hay que hacer se sumar y no restar.
Y máxime cuando esta resta, o mejor dicho cierre, va asociado a una especulación inmobiliaria en el centro de Madrid. Todo apunta a que el próximo año la denominación del
Teatro Albéniz sea cambiada para construir un centro comercial, con viviendas y oficinas en el centro de la capital de España. En esa lucha porque no se cierren más teatros y que la cultura prime por encima de especulaciones inmobiliarias ya se han volcado varios movimientos sociales. Uno de ellos, es la
Asociación Española de los Amigos de los Teatros (Amite), que concede los conocidos y prestigiosos premios
José Isbert de Teatro, quien ya ha iniciado acciones para que el
Teatro Albéniz de Madrid siga en pie. Un
teatro que durante veinte años ha recogido los más brillantes espectáculos de la capital de España.
El teatro Albéniz figuraba en el Catálogo de Edificios Protegidos de la Comunidad de Madrid con nivel 1 de protección de acuerdo con el Plan de Ordenación Urbana de Madrid, art. 4.3.4.
Por su valor artístico y su función cultural el Albéniz tiene que tener nivel 1 de protección, que defiende su fachada e interior arquitectónico, pues no sólo es histórico, sino según esta ley es un símbolo de la cultura y el arte de la comunidad. Pero que ocurrió, pues que la propia Comunidad de Madrid, regida por
Esperanza Aguirre, levantó esta protección con una ley que está recogida en el BOCM. Posteriormente, la
Comunidad de Madrid no ha querido ya saber nada más del
teatro, y su propietario lo ha vendido. Ya que una vez que el
teatro no está protegido, se convierte en una mina de oro inmobiliaria por su situación y tamaño
El teatro Albéniz es de propiedad privada y ha estado alquilado a la Comunidad de Madrid durante 21 años. Su propietario anterior, Eduardo Ripollés, estuvo en negociaciones durante los últimos años con la Comunidad para vender definitivamente el
teatro a la misma y adecuarlo y modernizarlo. Pero durante la presidencia de
Alberto Ruiz Gallardón se emprendió el proyecto del teatro del Canal,
un complejo cultural con tres salas de espectáculos, cuya finalización está prevista para 2007. Ya entonces, hace aproximadamente 8 años, el futuro del
Albéniz empezó a ser incierto.
Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad con la promesa electoral del comprar el
Albéniz. Pero las obras del teatro del
Canal seguían adelante y comprometían los presupuestos de cultura de la Comunidad de Madrid. De modo que en las negociaciones para comprar el
Albéniz la Comunidad no aceptó el precio que el propietario pedía y el propietario optó por venderlo a otros interesados, que si han pagado un precio astronómico.
Parece que el antiguo propietario está amistosamente ligado a
Esperanza Aguirre y a su marido. Por otra parte, el teatro hoy en día es de una inmobiliaria, pero sigue alquilado a la Comunidad de Madrid, una situación también muy difícil de entender. El cambio de manos se ha producido mientras la Comunidad seguía manteniendo el alquiler del teatro y programando allí espectáculos.
La clave está en que el Albéniz es un teatro de los años 40 y es histórico, obra de un arquitecto llamado Ferrant, con elementos arquitectónicos únicos, como las figuras de madera autómatas que se movían originariamente en la fachada y que ahora están en los vestíbulos, y con una sala enorme y espacios escénicos importantes, foso, y un sótano que en su día fue una sala de fiestas ("Xairo") de buena capacidad.
Pero lo que está claro es que ha habido un cambio de ley y recalificación de un bien artístico con vistas a su venta privada y beneficio posterior, en el que la Comunidad de Madrid ha estado presente como alquilada y lo sigue estando hasta septiembre de 2007. A su vez, la Comunidad ha convocado concurso de adjudicación de una contrata de servicios de
gestión del teatro (la convocatoria es de hace pocos días).
Por eso, entre todos, hemos de luchar para que continúe en pie ese
teatro, donde el trabajo de la recordada albaceteña, Teresa Vico, creó una tradición valiosa. Va ya para dos años que Teresa no está con nosotros y sin embargo, notamos que falta una persona muy importante en el mundo de la "cultura". No podemos permitir que el
Albéniz quede al albur de cualquier contratado entusiasta del relumbrón y de las relaciones públicas mal entendidas. Luchemos para que este
teatro siga irradiando la única luz que nos queda: la cultura. Si logramos que siga en pie, si impedimos que sea una víctima más de la voraz especulación, nos sentiremos mucho más contentos cuando repasemos los espacios y momentos agradables de nuestro entorno.
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