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La noche del domingo 20 de noviembre, día en el que se
conmemoraba los 30 años de la muerte del general Francisco
Franco, y con la resaca del arrollador triunfo del Barcelona
sobre el Real Madrid, y a pocos metros del Estadio Santiago
Bernabéu, tenía lugar en el restaurante El Telégrafo
-donde precisamente suele acudir a menudo el constructor y
presidente blanco Florentino Pérez- una cumbre
empresarial por todo lo alto. Los comensales que
ocupaban discretamente una de las mesas más ocultas del
restaurante, uno de los mejores de marisco en la capital de
España, eran tres: Manuel Pizarro, presidente de
Endesa; Cesar Alierta, presidente de Telefónica, y Francisco
González, presidente del banco BBVA. Los tres, como
grandes comensales, no dejaron de degustar los buenos
pescados del lugar bien regados por supuesto con el mejor
vino.
El tema de fondo de esta cena-reunión familiar
era, como no, la OPA de Gas Natural (La Caixa) sobre Endesa
y las repercusiones sociales, políticas y económicas
que ello conllevará. Manuel Pizarro busca apoyos a toda
prisa y a toda costa. Fruto de este interés fue la cena de
anoche con sus viejos y poderosos amigos. El presidente de
Endesa quería conseguir el beneplácito de dos de sus
socios más importantes: Telefónica y el BBVA.
Se da la coincidencia que González y Alierta son dos viejos
compañeros de andanzas de Pizarro de la era Aznar, y que también
tienen su puesto en entredicho. González, más conocido
por sus amigos como Paco, logró parar la maniobra que se
realizó contra él para quitarle el sillón de Neguri, y
Alierta todavía no sabe muy bien cuál va a ser su futuro,
por eso últimamente coquetea en demasía con los intereses
del grupo Prisa.
La cena del pasado domingo no deja lugar a dudas. Tres pesos
pesados de las finanzas españolas, tres personajes
procedentes del mismo lugar: la era Aznar, es decir,
del PP, se reunían para cerrar filas en torno a la OPA de
La Caixa (PSC-PSOE de Zapatero) contra Endesa, la
compañía todavía controlada por Pizarro. La localización
de la cena un 20-N, domingo noche, fuera del horario
laboral, acerca todavía más esta reunión a la
clandestinidad. Y la acerca a un movimiento encabezado por Pizarro
para, como se dice popularmente, "morir
matando" e intentar a toda costa no perder el
control de una empresa cuasipública que le ha
dado al PP bastante apoyo y beneficios. Los populares no
quieren perder sus últimos bastiones económicos, los que
todavía controlan con sus hombres más próximos, es decir,
Pizarro y compañía.
Esta cena tripartita, que avanza en exclusiva
E-Defensor, tiene connotaciones más allá de la reunión
dominguera de tres amigos. Que por cierto comenzó temprano,
en torno a las 21,30 horas, y finalizó más allá de la
medianoche, con copitas incluidas. Los tres iban vestidos en
plan sport, sin chaqueta ni corbata, lo que aporta
connotaciones a su gran afinidad y a compartir un mismo
objetivo final. .La conclusión es clara: Pizarro y Endesa
todavía no han dicho la última palabra.
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