José María Ruiz Mateos, nacido en Rota (Cádiz) un 14 de
abril de 1931, y uno de los hombres más conocidos de España
y con una de las más significativas trayectorias
profesionales del último siglo, quería desmentirme
tajantemente los rumores de su delicada salud: "¿Enfermo
yo…? Una leche. Sólo vivo para trabajar 24 horas al día.
Estoy como un roble. Mi mente está más lúcida que nunca.
Lo que pasa es que me he apartado de toda la vida social y
mi presencia sigue despertando mucho morbo…Es muy goloso
decir que Ruiz Mateos padece parkinson y alzheimer. Pero
todo es mentira. Espera un mes y te sorprenderás", me
ratificaba la pasada semana desde la localidad portuguesa de
Oporto, donde se encontraba cerrando un nuevo negocio
bodeguero.
Algunas fuentes próximas a la familia Ruiz Mateos afirman
que padece la enfermedad de parkinson y que está siendo
tratado en el Sanatario del Doctor León, centro médico
especializado en enfermedades psiquiátricas y psicológicas
situado en la plaza de Mariano de Cavia, muy cerca del
barrio madrileño del Retiro. "Quizá mi padre ha ido
alguna vez allí. Ten en cuenta que ha sufrido últimamente
una operación de desprendimiento de retina de la que todavía
no se ha repuesto y que el pasado verano se rompió el
tobillo visitando una empresa en Rota y todavía cojea
bastante", afirma su hijo José María, su mano
derecha, que viaja siempre junto a su padre como encargado
de cerrar todas las compras y ventas de la Nueva Rumasa.
"Sigo siendo el mismoooo…Mi vida es trabajo", me
volvía a afirmar el patriarca de la familia. Las dudas
sobre su salud van unidas a sus nuevas y últimas
excentricidades. Una ocurrió hace unos días en una taberna
de la conocida plaza madrileña de Santa Ana: "Don José
María, don José María… que se ha equivocado
usted", le repetían insistentemente sus tres acompañantes.
José María Ruiz Mateos había entrado confundido en la
taberna "Los Timbales" creído que era el lugar de
su cita. Rápidamente, tras sentarse, el error se subsanaba.
Sin embargo, el dueño de Nueva Rumasa quería ser
agradecido por su equivocación y daba a los camareros, que
no daban crédito, una propina de 50 euros por su estancia
de dos minutos en el local. La situación se repetía también
hace unos días cuando Ruiz Mateos pagaba a un taxista
madrileño que le había llevado del aeropuerto a su casa
otros 50 euros por la carrera, además de un presunto
obsequio de la firma Cartier, marca muy utilizada en sus
continuos presentes.
Lo que si es cierto es que Ruiz Mateos sufrió, ya hace unos
años, una operación quirúrgica debido a una trombosis vírica
producida por su paso por las cárceles por la que el
prestigioso doctor Enrique Moreno le extirpó en la Clínica
de la Luz una parte de su intestino, amén de sus conocidas
operaciones de cirugía estética y de sus problemas de
lumbalgia. También es cierto que su presencia en actos públicos
es ya casi nula. Ya no se le ve por su oficina permanente en
la cafetería del Hotel Cuzco, situado en la plaza madrileña
del mismo nombre, ni acude por sus restaurantes fijos de La
Dorada y La Máquina.
Su última aparición fue el pasado día 5 de octubre de la
mano de su inseparable abogado, el penalista Marcos García
Montes, con motivo del juicio que se lleva en la Audiencia
Provincial de Madrid contra él y otras cuatro personas,
acusadas de un presunto delito de alzamiento de bienes a
través de la compra a finales de 1998 de la agencia de
viajes "Mundo Joven", y por el que la Fiscalía
solicita para él dos años y medio de cárcel. "Como
es tan cabezota no quiso que se suspendiera el juicio debido
a su rotura de tobillo y tampoco quiso sentarse en la silla
de ruedas que le prepararon en la Audiencia ¿Enfermo?...Ojala
estuviera yo igual de lúcido que él. Esta como un toro y
no necesita lazarillo alguno"
Esta ha sido una de sus escasas apariciones públicas, ya
que tres días antes había excusado su presencia en un
emblemático acto para su familia. Se trataba del preámbulo
de los actos organizados con motivo del 225 aniversario de
la empresa Garvey. Sus hijos tuvieron que ser los
anfitriones durante la visita a la bodega realizada por los
embajadores de nueve países de Asia y Oceanía, entre
ellos, los de Filipinas, Nueva Zelanda, Australia, Malasia,
China, Vietnam, Indonesia y Tailandia. "No quiero saber
ya nada de actos sociales, pero sigo reuniéndome en privado
con los empresarios para todo tipo de negocios ¿Qué te lo
digan ellos? Además, este verano si estuve enseñando Jerez
al embajador de los Emiratos Árabes".
Ruiz Mateos ha delegado gran parte de sus negocios en sus
hijos, aunque todavía supervisa todo. Tiene trece hijos,
seis varones y siete chicas, quienes, casi en su totalidad,
a medida que iban terminando sus carreras universitarias
entraron a trabajar con su padre en la expansión de Nueva
Rumasa, el holding que han construido paso a paso y que ya
tiene bajo su control más de 100 empresas en casi todos los
sectores de la vida económica española. Sus tentáculos se
extienden desde hoteles (Hotasa) hasta empresas
inmobiliarias (Inmobiliarias Reunidas), bodegueras (Garvey,
Campo Nublo), alimentarias (Dhul), deportivas (Rayo
Vallecano), medios de comunicación (Radio Libertad) etc. Sólo
les resta penetrar en el sector financiero, al que por el
momento no desean entrar al considerarlo el verdadero
causante de la expropiación de la vieja Rumasa.
Recientemente, han presentado una oferta para comprar el
100% de las acciones de Clesa, filial española de la
multinacional italiana Parmalat, por 180 millones de euros
al contado. La incorporación de Clesa, especializada en el
sector lácteo, supondría para la división alimentaria de
Nueva Rumasa alcanzar una facturación cercana a 600
millones de euros.
Días antes de lanzar esta oferta, los Ruiz Mateos adquirían
con el fin de introducirse en el negocio de los helados la
empresa aragonesa Lácteos Arrendó, participada hasta ahora
por la sociedad de capital riesgo zaragozana Going
Investment y especializada en el mercado de tartas y
pastelería congelada bajo la marca "Neiss. Dentro de
esta política de nuevas adquisiciones se une la compra a
finales del pasado mes de julio de la fábrica de galletas
de Cantalou -antes, la empresa chocolatera Elgorriaga- en Ávila.
Aunque sus 13 hijos continúan la labor de su padre,
principalmente tres de ellos son quienes llevan más
directamente las riendas de la Nueva Rumasa junto a él. Se
trata de Zolio, el mayor, quien lleva la gestión de tesorería
del holding; de Alvaro, nombrado consejero delegado de Nueva
Rumasa; y de José María, encargado de cerrar en última
instancia todas las operaciones. Este último es la viva
imagen de su padre, con sus mismas expresiones y su mismo
buen talante negociador. Pero siempre al lado de ellos
siguen los fieles hombres de Ruiz Mateos, los
empresarios Joaquin Yvancos y Adolfo Martitegui. Por eso, en
el domicilio-oficina familiar de Somosaguas (Madrid)
continua el ritmo trepidante de idas y venidas.
En estos últimos meses parece que el empresario jerezano
tiene una principal obsesión: honrar la figura de su
fallecido padre, Zoilo Ruiz Mateos, que fuera alcalde de
Rota (Cádiz) y a quien en su honor abrió el pasado mes de
febrero un Museo Histórico en dicha localidad. "Ahora
mi siguiente paso es inaugurar en breve un gran hotel en
Jerez que lleve su nombre", me comentaba el dueño de
Rumasa. Recientemente, Ruiz Mateos visitó al arzobispo de
Madrid, Antonio María Rouco Varela, para solicitarle la
canonización de Don Zolio. También se ha puesto ya
en contacto con el Obispo de Jerez, monseñor Juan del Río,
para entregarle los testimonios necesarios (milagros
realizados) para su inicial proceso de beatificación. Que
también quiere ampliar a su madre. Pero todo este cúmulo
de grandes compras societarias, apariciones celestiales y
nuevas excentricidades aseveran claramente que Ruiz Mateos
vuelve a "existir".