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La incultura del fútbol: el lumbreras de Albacete Por Juan Luis Galiacho
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Que al mundo del balompié, el opio del pueblo español, han
llegado en los últimos años los dirigentes más
incapacitados intelectualmente que persona haya conocido, no
hay ya apenas dudas, salvo honrosísimas excepciones que,
desgraciadamente, se pueden contar con los dedos de una
mano. El negocio del fútbol en España -porque el balompié
ya no es un puro deporte sino un negocio especulativo al
cien por cien (venta camisetas, jugadores, publicidad,
ciudades deportivas…)- sufrió un cambio sustancial a
mediados de los pasados años ochenta con la llegada a él
de personajes tan singulares como Jesús Gil y Gil, que
buscaban en el fútbol un trampolín para sus especulaciones
inmobiliarias o de cualquier otra índole. Para ellos el
rancio palco de un estadio era el trampolín ideal para
alcanzar la fama y llenar de éxito sus bolsillos. El
balompié era una etiqueta popular con la que presentarse en
sociedad, a pesar de ser profundos desconocedores de este
deporte. Eran auténticos espontáneos, como hoy también
los hay. Incluso, superando con notoriedad parámetros
pasados.
Y si no que se lo pregunten a los dirigentes del Albacete
Balompié, la sociedad deportiva más señera de toda
Castilla-La Mancha, con su equipo militando varias
temporadas en la élite del fútbol español, llamada la
Liga de las Estrellas, y que hoy se encuentra en la Segunda
División por la dejadez de sus directivos. Pero me voy a
limitar a reflejar lo que en la editorial de su periódico
"Aupa Alba", número 159, que entregan a cada
aficionado a la entrada de los partidos que su equipo juega
en el Estadio Carlos Belmonte de la ciudad manchega,
escribieron la pasada semana.
Lean y asómbrense:
"Si queremos que nuestra comunidad autónoma sea de
primera debemos apoyar todos a nuestro equipo de fútbol más
representativo, porque para la ciudad es más importante
que uno de nuestros jugadores sea seleccionado por Luis
Aragonés a que se le conceda el Premio Nóbel de Química a
alguno de los profesores de la universidad regional".
Sobra cualquier tipo de comentario. Las palabras escritas
-qué problemas tienen las hemerotecas-, no se las lleva el
viento…quedan, aunque parece que a ningún responsable lúcido
de la Universidad de Castilla-La Mancha le hayan hecho
mella. Por eso, una semana después de este cúmulo de
barbaridades, todavía no ha habido ningún personaje
relevante de la cultura manchega ni de la universidad
regional de Castilla -La Mancha que haya levantado la voz y
haya solicitado la dimisión y el destierro del responsable
real de ese consejo de administración que daña la imagen
cultural tan gravemente de esta comunidad autónoma y de su
Universidad, que pagan todos los castellano-manchegos con
sus impuestos.
Pero lo más peligroso para la salud de nuestro país es que
el artífice intelectual de esta majadería es un presunto
profesor de dicha Universidad que arribó allí de la mano
sindical, como refugio a sus presuntas carencias e
incapacidad técnica, y que en su currículum universitario
indica como gran merito académico el ser fiel
"seguidor del Albacete Balompié". Apaga y vamos.
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