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De la masa de arcilla, el ladrillo
Por Juan Miguel Pérez
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Antonio Vercher, que hoy toma posesión en su calidad de Fiscal de Medioambiente, conoce el punto de cocción que requiere ese polvo de roca sedimentaria para alcanzar plasticidad.
Tras un largo proceso de sedimentación de silicatos de aluminio, embebimiento de agua e impermeabilización, la formación rocosa se presta a ser ladrillo, elemento de construcción, que desde antiguo la germanía aplicaba a los amigos de lo ajeno.
El negocio surge de la necesidad porque el principio de la Economía es la escasez. Del reino animal, solamente el lobo mata más de lo que necesita para sobrevivir y guarda provisiones para hacer frente a la penuria de la caza por mor de cercas y autovías.
También está dicho que el ser humano fue hecho a imagen y semejanza del Creador, con el mandato de crecer y multiplicarse, lo que hoy hace imprescindible el ladrillo y la consiguiente tarea urbanizadora en ayuntamiento de voluntades.
Este paralelepípedo rectangular de 28x14x7 centímetros es hoy un becerro de oro al que se presta adoración por su rentabilidad tan extraordinaria, que únicamente encuentra contestación en el ámbito cooperativo, limbo de la voluntad humana.
Lo curioso es que cuando se centrifuga poder, la Fiscalía General del Estado se apresta a afrontar retos jamás soñados. Precisamente, desde un Madrid alegre y acogedor, pero vulnerable y más conocido por sus obras, sus parquímetros, su cinturón de miseria y la "inevitable" inseguridad de las subcontratas.
Bienvenida esa tarea fiscalizadora del representante de la Ley, que no lo tiene nada fácil, aunque su formación jurídica es aval de esperanza y acierto.
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