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El madrugón de sus señorías
Por Juan Miguel Pérez
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En día desapacible, ¿dónde iban a estar mejor sus señorías? Hoy se enfrentan a las enmiendas introducidas por el Senado al proyecto de Ley Orgánica de Educación. La alondra no se anda por las ramas y en Madrid se anuncia huelga para el 10 de mayo para que se escolarice a todo tipo de alumnos.
Manuel Marín, que también madruga, presentó anoche la segunda parte de las memorias de Alfonso Guerra: "Dejando atrás los vientos", la verdad que él conoce desde que el PSOE alcanzó el poder en 1982.
He soñado que la oreja de Ruiz-Mateos arruinó el prestigio de un gran jurista, tocado de Parkinson, ante quien Felipe González habría implorado de rodillas voto de calidad, escena que el "tahúr del Mississippi" no presenció aquella tarde.
El de Rota resultó mosca cojonera antes y después. Franco había ganado una guerra; los socialistas, sólo unas elecciones y era menester aquel trofeo: la cruz de la espada.
Algún día habrá otras memorias de otra vicepresidencia, sobre la que se proyecta la sombra de otra cruz que ahora se esfuerza por reconocer el papel de la mujer, cuando la edad media de sus ministros está en los 67 años y uno se siente más cristiano que católico en ese reino que no es de este mundo y que nos invita a buscar la buena noticia fuera de los palacios, tal vez entre pucheros, como corresponde a familia numerosa que comparte penas y alegrías.
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