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Hasta las moscas salieron vomitando

Por Juan Miguel Pérez

Recibo el borrador de la declaración de la Renta y veo que ya viene marcada la casilla para la Iglesia. Leo la arremetida de los obispos y me entristece su tono amenazador, ausente de los graves problemas de la Humanidad.

Dios no habita en vuestros palacios, habéis hecho de su casa una cueva de ladrones. Os habéis hecho blanco de la ira de Jesús al colocaros en el lugar de los fariseos. Vuestras preocupaciones están lejos de cuanto Él hizo y predicó.

Si consideráis correcto el posicionamiento político desde ese púlpito, habréis de aceptar la inconstitucionalidad de comportamientos corporativos, como es el trato discrimitatorio hacia la mujer.

Lo que criticáis es paja en ojo ajeno. La viga en el vuestro es cada día mayor. El mensaje sigue siendo ignorado por la mayor parte de los humanos. 

Los frutos que ahora recogéis fueron plantados por quienes retorcieron la palabra hasta hacerla asquerosa, como "La pedales", que tiró las bragas a un estercolero y las moscas salieron vomitando.

No me siento católico, sólo cristiano: las bienaventuranzas me quitan el sueño, son la parte preciosa de ese camino, verdad y vida marcados por Jesús -Dios hecho hombre- hasta la muerte y resurección. El reverso de la alfombra es ese decálogo de mínimos contra la necedad.

Me duele que nos quedemos en las formas y no entremos en el fondo de ese mensaje universal que hemos enterrado por temor a perderlo. Por eso, las rameras nos precederán en el reino de los cielos.

Vosotros habéis tragado sapos y culebras a lo largo de la historia, siempre pegadicos al poder, con derecho de pernada y sin soltar una lágrima después de tanta negación. 

Es hora de abandonar los palacios y salir a los caminos: Él está en los que sufren -seguramente por nuestra causa-, lo que nos obliga a dejar la ofrenda sobre el altar para pedirles perdón y corregir nuestra mala conducta.
 

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