 |
El peso, el paso y el poso
Por Juan Miguel Pérez
|
Cada generación erige un templo a la imbecilidad, especie de mojón que marca hitos de humana ceguera, para indicar: "Por aquí, no".
África olvidada, polos que se derriten, religiones en guerra, globalización de la chapuza, desmadre de márgenes comerciales, inmolación asfáltica -en carretera o alquitrán en vía respiratoria-, el faro de Marbella, el canto del mirlo...
Me gusta fustigarme a mi manera: si la televisión me mira, soy capaz de sacar el trono de rodillas y el resto del año tener arrodillados a quienes dependen de mí, sin permitir que la "caja tonta" difunda inconveniencias.
Se descarta la acracia y se remunera el voto. En las iglesias se dice que los cristianos ponían sus bienes en común. La bolsa vomita alzas en barril. El gigante asiático se despereza para ser tercero en discordia y el cono sur trata de levantar cabeza.
El peso de la púrpura, el paso de la miseria y el poso de la incultura y la insolidaridad nos ponen de rodillas ante esos dioses de barro incapaces de digerir nuestras ofrendas: toda una invitación a levantar la cabeza y preguntarnos un día más -como Ignacio- quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
La nueva Área Terminal del Aeropuerto de Barajas, presentada ayer en el colegio de Caminos, nos sitúa en privilegiado lugar de paso.
El Viernes Santo, a las cinco y media de la tarde, encontré un mirlo muerto cerca de mi casa. Avisamos al 902 024 466 y lo recogieron inmediatamente. Seguramente cayó extenuado por el calor o por la tristeza de haber extraviado su maleta.
|
|