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El oficio de escribir
Por Juan Miguel Pérez
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Dicen los científicos que, al escribir, movemos cuatrocientos músculos del cuerpo, mecánica precedida de interminable parto que acaba provocando el editor con la inscripción en el ISBN y la esperanza de grandes tiradas con cita de primeras ediciones.
Fernando Sabater presentó ayer, en la sede madrileña de Intereconmía, la novela
"Níquel", de Paco Ferrer Lerín, publicada en la colección
Narrativa Mira (85) por Mira Editores.
Argumento: "Pablo Amatller Moragas es un joven burgués que en la Barcelona de finales de los cincuenta inicia la carrera de Medicina con poco convencimiento. Roto el núcleo familiar al abandonar su padre, de modo súbito y definitivo, el domicilio conyugal, Pablo opta por colgar los estudios e iniciar una vida fácil al amparo de ciertas rentas. Pero unas desafortunadas inversiones llevan la ruina a la familia y nuestro héroe ha de recurrir al ejercicio del póquer para mantener la solvencia personal.
En la milicia conoce a dos pintorescos personajes. Uno le infunde la pasión por el difícil arte de la ornitología de campo. Otro pretende integrarle en los servicios de inteligencia. Volcado en la protección de las aves necrófagas peninsulares, entra en contacto con grupos de filiación radical y métodos expeditivos: pronto se le relaciona con varios asesinatos de carácter ecológico.
Acosado, decide incorporarse a los servicios secretos. Viaja al norte donde, en una ciudad pirenaica, vivirá un largo periodo de tiempo desarrollando una doble labor como ornitólogo y espía. Pero las cosas no son tan sencillas".
La gloria de las letras sólo es explicable por la dificultad abrirse paso en esta jungla, donde todo está dicho y todo y todo está por decir si lo miramos al cierre de estos cuatrocientos años del
Quijote que mañana se cierran en la capital de la Alpujarra -Órjiva- con la lectura del Ingenioso hidalgo en
cuarenta idiomas diferentes.
José Rodríguez Dumont siempre enseñó las letras a sus alumnos con la lectura del Quijote y uno de ellos es el concejal que con tanto amor ha creado tan insólita biblioteca: ahí quiero ver a mi amigo Abelardo Pérez Pérez, que sólo maneja 30 idiomas y no cejará hasta dominar los otros diez.
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