 |
Madrid moderniza hasta sus Tribunales
Por Juan Miguel Pérez
|
Con motivo de la Navidad, el presidente del TSJ de Madrid, Javier María Casas Estévez, ha anunciado la puesta a punto de la enorme tarea que desarrolla: su
informatización integral, que depende de la Comunidad de Madrid y se espera lograr en 2006; reforzar con
nueve magistrados la Sala de lo Contencioso para dictar mil sentencias en seis meses; elección de
nuevo Decano de los jueces de Madrid; establecer la agenda electrónica para los señalamientos de juicios en la Audiencia Provincial; y creación de
nuevos órganos judiciales.
El día de los inocentes ya habrán sido destruídas las pruebas de convicción que sirvieron para incriminar en cuerda floja. En el almacén del sótano tercero de Plaza de Castilla -en espera de su destino legal- se guardan las cosas más peregrinas: armas, joyas, obras de arte, cajas de puros, licores, perfumes y, en su día, hasta ruedas de repuesto,
Los sumarios se cosían con lezna y se dejaba un generoso rabo de cuerda para atar la herramienta utilizada en el crimen que se enjuiciaba, sin que se sepa a dónde fue a parar la quijada con que Caín mató a Abel porque las ovejas de éste se comían las lechugas que cultivaba el primero, según versión del fiscal
Jesús Vicente Chamorro.
Es lógico que predominen los sumarios de inmigrantes, tan hijos de Dios como los inmigrantes que llegamos con lo puesto de otros lugares de la geografía española y que fuimos recibidos con los brazos abiertos por este Madrid tan generoso.
Como el agua, cualquier rendija es buena para llegar a buen cauce y el ingenio por sobrevivir alcanza niveles
insospechados. Las cámaras que captan imágenes requieren una utilización razonable: disuaden, pero no previenen.
Este cruce de caminos supera la imaginación del más pintado. La búsqueda de tesoros en el subsuelo es incesante y de aquellos polvos, estos lodos -cuando llueve- que se despachan en el Manzanares para acabar en el Mar de la Paja, por lo que no resulta descabellado que Felipe II quisiera navegar hasta Lisboa.
La cultura del automóvil, para unos sala de tortura y, para ellas, salón de belleza, no es más que un pulso al cielo de Velázquez. Para las motocicletas ya no hay dirección prohibida. Las aceras son ya tan intransitables que no permiten ni el alunizaje navideño.
Sustituída la madera por el pilote, Madrid busca su razón de ser y expulsa de sus pulmones apresurados anillos olímpicos: el placer de fumar se acaba y ya no sabremos de qué vamos a morir.
|
|