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A propósito de nabos
Por Juan Miguel Pérez
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Este pequeño planeta Tierra, aparentemente dormido, se estremece con tremenda facilidad. Encorsetado por el amor y el odio -que es desamor- malvive por la inquietud de las fuerzas que lo dominan.
Lo que para unos es trasgresión, para otros es legítima defensa de parcelas conquistadas: esas dominaciones a que alude Manuel Escudero en "Homo globalis" ["En busca del buen gobierno", Espasa Hoy. Madrid 2005].
Mi duda es si se trata de una sola partida de ajedrez o son muchas. El caso es que el tiempo apremia y las posibilidades estratégicas son casi infinitas. Para ganar, hay que dominar el centro del tablero, paso necesario de las líneas de ataque.
La religión y la economía satisfacen los dos aspectos que conforman al ser humano -espíritu y materia- cuya convivencia genera tensiones a veces insoportables para el necesario equilibrio, especialmente cuando algún iluminado se impone por la razón de la fuerza, que no por la fuerza de la razón, lo que deviene en injusticia.
Esta calamidad humana aparece siempre que hacemos dejación de nuestros derechos y obligaciones o cuantas veces bebemos más de lo que podemos mear.
Es evidente que la mujer está transformando el mundo para escarnio de machistas atrincherados en religiones generadoras de culturas: "no es bueno que el hombre esté solo". Hermosa complicación.
Y para que el cielo sea cielo, allí no habrá hombre ni mujer, sino que se seremos como ángeles. Y algunos dirán: "pues qué aburrimiento".
La "persona humana" -que se dice en la constitución italiana y ahora en la primera carta encíclica de Benedicto XVI, titulada "Dios es amor"- se enfrenta al reto del "verdadero amor y a ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento".
La carta tiene fecha 25 de diciembre pasado y se presenta en la reunión de las Iglesias, creo que el 27 de enero, justo cuando -a propósito de las caricaturas- se genera el cabreo de los imanes que nada dijeron cuando la foto de la corona de espinas.
Hermanos en la fe, porque creemos en un solo Dios (musulmanes, cristianos y judíos): el mundo se transforma a marcha forzada. No se no van los pavos, sino que la mujer -más práctica y conciliadora- tiene mucho que decir y con su sola insinuación ya se estremece el mundo.
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