 |
El tiempo que pasa
Por Juan Miguel Pérez
|
Cuando uno renquea es por culpa de la pila... de años. Envejecemos como la fruta y no hay más historia, pero este milenio empezó como terminó el anterior: con una tremenda falta de memoria.
Se recomienda ejercitarla para frenar su pérdida, pero acabamos convenciendo a los demás de tan triste realidad. Felicitar un santo o cumpleaños, hacer un regalo en el momento oportuno, tener esos menudos detalles para alegrar la vida a quienes queremos y nos quieren, incluso a quienes creemos que no nos quieren o que no queremos que nos quieran, porque hasta en esa apreciación nos equivocamos.
Un regalo es una chispa de amor que puede provocar un incendio pavoroso que tal vez alguien no lo desee. La prohibición de hacer barbacoas no debe suponer la eliminación de la carne en nuestra dieta, sino que la tomemos en casa y no en el campo cuando cantas las chicharras.
Casi es más difícil recibirlo, apreciarlo y comprender la dificultad que pudo haber en la elección. Y cuando es bueno, casi peor lo encajamos pensando en que habremos de corresponder en esa escalada de aprecio en términos razonables.
Igual pasa con las hostilidades, que suelen empezar con advertencias y pasan a ser campo de prueba para el arsenal que se queda obsoleto. Ya no se enseñan los dientes, sino que se ensayan los misiles y se acaba matando la convivencia: el logro de mucho esfuerzo y tantos años de vida. Y todo porque alguien tiró de la cadena y se olvidó ventilar.
Al presentar un buen libro escrito por un poeta catalán afincado en Aragón, presentado en Intereconomía por Fernando Sabater, se aludió a un reclamo publicitario sobre la necesidad de poner poesía en el baño. La prudencia me hizo permanecer en silencio, pero hoy lo suelto en vista de lo mal que huele.
Diego Alba Cotrina zanjó el asunto hace cincuenta años, firmando como "Dolores Vargas":
El ventano
Yo no os pido, so marranos,
que en la vida aquí penséis;
pero sí que cuando ano,
con papel y buena mano,
os reluzca como vara de rey,
deis rienda suelta al ventano,
que eso es tan requetesano
como lluvia de verano
o pueblo de sana ley.
|
|