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Lujuria
Por Juan Miguel Pérez
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Con lujuriosa luna se despidió la noche para ganar el día que nos propone encontrar la dicha en la renuncia de lo apetitoso: la particular guerra que en cada uno libran el espíritu y el deseo.
El tiempo apremia y la tendencia es cosechar lo que otros sembraron, dominar el mercado desde el transporte y la distribución para entronizar la apariencia en detrimento de calidad y justa retribución.
Se nos pudre en las manos tanto triunfo: los pobres en espíritu, los que están tristes, los humildes, los hambrientos por hacer tan divina voluntad, los "tontos" de corazón limpio y los que mueren por la paz no tendrán su recompensa en este mundo, sino en el que se nos promete como "reino de los cielos", donde cuentan los pecados de omisión.
Esa luna preñada de triunfos gira por encima de nuestra cabeza como canto rodado en honda y vértigo de lanzamiento condicionado por el rozamiento del aire y la gravedad de la Tierra. Se nos exige puntería y, sobre todo, un uso razonable del mensaje para que no devenga en pedruscazo.
La primera tormenta tropical ya va de Cuba a Florida cual espíritu que clama por un Derecho truncado. Hoy empieza el mundial de fútbol con una OIT que predica la erradicación del trabajo infantil. Hay hambre y sed de Justicia y, tal vez por eso, hoy se nos proponga un protocolo de comunicación donde estaba la Biblioteca del Tribunal Supremo, en presencia de sus magistrados y de los consejeros del Poder Judicial para que los "plumillas" demos buena cuenta de ello. No pienso ponerme la venda.
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