Un corte de energía eléctrica a las 7,38 horas de hoy dejó secos ordenadores, frigoríficos y relojes alimentados por esa fuente que, cuando falta, hace saltar alarmas en mi barrio. Seguramente, más de un currante -atrapado en el ascensor/descensor de estas torres de diecisiete alturas- ha llegado tarde a su trabajo.
Diez minutos que invitan a reflexionar en lo poco que somos y las muchas aspiraciones que tenemos. La vida no se para, pero a veces da sorpresas y hay que ponerle música y alegría, acometiendo el día con el esplendor que merece el estreno del verano, que se promete más caluroso, caro y político.
Seguramente, por eso, empiezan las rebajas, ese deporte que no depara brillantez alguna para el hombre, siempre reacio al cambio al cambio porque ignora lo que se lleva esta temporada, practicando el
consu/mismo calzado, traje, coche, piso... y que duren mucho.
Frente a los cortes de luz, las pilas... de años que acumulamos al menor descuido. En diez minutos repaso mis deberes y caigo en la cuenta de no hice nada importante en mi vida. Un plumilla del montón que sólo contó lo que vio y oyó que pudiera interesar al menda que va por la calle.
"No somos ni mósfera", expresión cariñosa de Luis Miguel Sarmentero Vidal que incitaba inmediatamente a buscar temas con pegada para sentirnos vivos y alimentar el teletipo de la Agencia EFE a cualquier hora del día. Y si no había nada, nos leíamos el Boletín Oficial del Estado, el único periódico que dice la verdad en términos absolutos.
Empecé mi oficio colaborando con José María Cadena, en la delegación de Barcelona, para la revista de la Feria, animado por la señora de Ferrer, quien me acogió como a uno de sus hijos en la Rabla del Prat y me permitía leerle lo que escribía antes de mandarlo a la Agencia EFE o a La Vanguardia. El "Pret a porter" requería documentarse en la Biblioteca Central y entrevistar a personas como la bella Conchita Báez, miss Cataluña.
El horario continuado que teníamos en Iberia daba para mucho y casi todos los días escribía a la familia y los amigos, al tiempo que me preparaba para ingresar en Periodismo, que sigue siendo más oficio que carrera, desde que un día cuatro amigos, tomando una cerveza en la Plaza Real, decidimos hacernos periodistas: allí estaban Lluis Foix, Roger Giménez y Sele Martínez, cuyo buen humor no olvidaré jamás.
Pues eso, que la vida se nos pase con alegría, a pesar de la tristeza que nos dejan quienes se van. En un suspiro, estaremos con ellos. Y nos examinarán de amor: lo único que perdura y que nos obliga a
ponernos las pilas.