 |
Mujer: ¿por qué lloras?
Por Juan Miguel Pérez
|
Sutil, práctica, inteligente y trabajadora. Hija, esposa, madre y señora. Alma de la Creación, fuente de vida, gracia y embrujo. Vestida o desnuda, seria o sonriente, andando o posando, hablando o callando, en cualquier postura, siempre camelas y enciendes candelas que son luz de razón, anhelos del corazón y requiebros de dulzura que dan al traste con nuestra cordura.
En plenitud madura, el universo te rinde hoy homenaje, mujer trabajadora, que siempre lo fuiste -antes y ahora- y lo serás para bien de la humanidad, que no sabría vivir sin ti. Y si me apuras, acaso dejaríamos de hacer locuras, pero nuestro discurrir sería un fiasco.
Lloras de alegría porque el momento se acerca: caerán las barreras, acabarán las guerras y la vida será cordura porque nunca más habrá cerradura que corte tu andadura. Conforme el amor madura, acrecienta tu estatura y salimos del atasco.
De tu pozo de amargura, surges cual ave fénix. Sólo te queda llegar a cura, pues sabes perdonar porque conoces nuestro engreimiento: tú eres la naturaleza y nosotros un capricho de la naturaleza, porque nos habéis malcriado.
Con prudencia y admiración, ¡felicidades!. Se acabó la diversión: ahora hasta cambiamos pañales, aunque no tengamos ocasión de parir sin decir ni ay, pues el macho sólo siembra y es la hembra quien engendra, cría y educa con reproches de amor.
Para el Estado, mi madre nunca tuvo la condición de "mujer trabajadora", pero Josefina tuvo la valentía de criar diez hijos; sus partos fueron con dolor de riñones y nos sacó adelante en tiempos difíciles, pero con mucho cariño, que ahora -con su Alzheimer- es lo único que nos pide. Felicidades también a sus cuidadoras.
|
|