Hace casi 33 años -la edad de Cristo- que hubo unas elecciones en el colegio de Abogados de Madrid y se presentaron cuatro candidatos: Antonio Pedrol Ríus, José María Gil Robles y Quiñones, Enrique Tierno Galván y Joaquín Ruiz-Giménez Cortés, en las que llovió el veto del Ministerio de Justicia, representado a la sazón por Antonio María Oriol y Urquijo.
Hicieron piña y se retiró el veto, no sin antes llover fuego italiano contra quien lideró la CEDA, que llegó a crear dudas sobre mi director de Europa Press, Antonio Herrero Losada, muy tentado a dar pábulo a un tema muy pasado, lo que me costó dos horas de discusión con mi director a puerta cerrada.
Mi argumento era que aquello no era noticia y no se debía dar y al final no la dio, porque se cumplió mi pronóstico y las ganó quien mejor movió los mimbres de un Colegio bastante tocado por las obras de reforma de un arquitecto en quien se daba la circunstancia de ser yerno de quien mandaba, sin que nada se discutiera sobra la bondad de su obra.
El caso es que el Colegio de Abogados de Madrid se convirtió en auténtico "Parlamento", después de haber mediado una Junta de Edad que levantaba sus asambleas cuando apetecía un pis. Pero no todos, porque allí estaba el flamante autor de la letra de la "chica del 17"-
El sector socialista vivió la euforia de la victoria de Toulouse y Pablo Castellano soltó su espada implacable sobre unos otros, Leopoldo Torres presentó sus 25 puntos y Enrique Barón -además economista- hizo una buena crítica contable que dio al traste con Del Valle Iturriaga y su equipo.
Yo solté una de "astillas" y alertó Ruiz-Jarabo y Baquero, que presidía el Supremo. Menos mal que estaba de Secretario de Junta Manuel Bellver Cano, a quien sorprendí a las diez de la mañana recitándole una poesía con la que había ganado una justa veraniega en San Sebastián. Los dos fumábamos sendos puros de los suyos a tan temprana hora.
- Esos versos son míos
- Lo sé
- ¿Por qué lo sabes?
- Porque soy nieto de Josefinilla
- ¿Vive aún?
- Sí
- Quiero verla.
Pero mi abuela, que murió ocho años después, cumplidos los noventa, era muy coqueta y prefirió que la recordara de joven. Eran concuñados.
A lo que voy, que venció "El egoísta" de Nativel Preciado, sin que nadie le recordara la propiedad compartida de una casa de citas, en la Algeciras de la posguerra, con el Guti y Laureano García Cabezón, quien aseguraba: "si vieras cómo follaba el pequeñín".
El "egoísta" había sido jefe de los servicios de espionaje en la zona de Gibraltar durante la segunda conflagración mundial, en la que todo era explicable.
Laureano se había dedicado a pasar personas de un lado a otro de las trincheras fratricidas y tuvo la suerte de pasar al hermano de quien luego fue ministro de Justicia y le encomendó el reparto de viviendas, por lo que no fue farol que el hombre me dijera en Europa
Press:
- Si das una noticia, te regalo un piso
- Si realmente es noticia, la difundiré gratis; y si no lo es, no la daré ni aunque me regale el piso, porque me quedaré sin empleo para amueblarlo.
Era noticia y la di sin el piso, pero me tomó tal aprecio que un año después me anunció: "Sofico se va a la mierda". Y Sofico suspendió pagos seis meses después, pero su noticia no se atrevieron a difundirla Europa Press ni Cambio 16. En el consejo de administración del negocio de la bicicleta había varios asteriscos.
En mayo del 74, el ministro de Marina descendió de un vehículo "FN", vestido de paisano, se dirigió al despacho del "Egoísta". Dejé pasar minuto y medio y, cuando preguntaba al secretario del Decano qué hacía allí el ministro, salió Pedrol, me tomó del brazo y me dijo: "Hoy, aquí y para ti no hay ninguna noticia".
Me vio tan pensativo -en el pasillo- el presidente del Grupo de Abogados Jóvenes, que me dijo: "Vamos a tomar una caña, que soy el garbanzo negro de esa familia".
"Doblón" de José Antonio Martínez Soler dio la primicia de la suspensión de pagos y después la cifra de 83 kilillos de honorarios, a la que el Decano replicó: ¿De qué cloaca han sacado ustedes esa noticia?
El "egoísta" fue senador real, el único ante quien SM se inclinaba al saludar, no por su tesis sobre la muerte de Prim o la pacificación del Colegio de Abogados, sino porque tendía el brazo en ángulo recto, no fuera que le tacharan de falangista.
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