Hasta la vuelta de Carrillo, Simón fue el máximo responsable del PCE en España. Detenido catorce horas después del atentado a Carrero Blanco, la policía sólo encontró papeles quemados en la bañera y cintas de magnetofón ahogadas en el inodoro.
Carlos Arias Navarro, aún ministro de la Gobernación, dice esa noche a sus colaboradores que "sería una herejía tratar de implicar al Partido Comunista en el atentado a Carrero", perpetrado a la hora fijada para el comienzo del juicio a los dirigentes de CC.OO., sumario 1001 del TOP.
También, ese mismo día y en contra de la opinión de Franco, Torcuato Fernández Miranda, vicepresidente del Gobierno, compareció ante las cámaras de TVE para tranquilizar a los españoles, a sabiendas de que le costaría su carrera política.
De la entereza de Simón hablaba la policía, que jamás obtuvo de él la más mínima información. En otoño de 1983 se dejó ver con su esposa en el hotel Ritz, con motivo de la entrega de los Premios EFE de periodismo.
Cuando asesinan al jefe del Gobierno, almirante Luis Carrero Blanco, a su chófer y a su escolta [no hubo juicio por este atentado, como tampoco por el asesinato de Prim], en el piso que había ocupado el comando de ETA -calle Mirlo, 1- la Policía encontró el número de teléfono del piso donde se escondía Simón -c/ Alonso Heredia, 11- a quien Eva Forest habría enviado un mensajero que murió por disparos de la Policía.
A Simón se le impuso una multa gubernativa de millón y medio de pesetas, que no pagó y estuvo privado de libertad durante año y medio.
A la misma hora en que murió Carrero, terminó el escrutinio de las elecciones que llevaron a Antonio Pedrol Ríus al decanato del Colegio de Abogados de Madrid.
Jesús Frías Alonso, mi antecesor en la información de Tribunales para Europa Press, estaba en la cola para entrar al juicio y oyó por el walki-talki de un capitán de la Policía Armada que Carrero había muerto a causa de una explosión.
Me dijo: "corre, avisa tú a la Agencia" (eran las 9,40 h.). Por el camino, desde la puerta de Marqués de la Ensenada al despacho del Decano, único teléfono disponible) me crucé con Pedrol, le di la enhorabuena y le dije: "se han cargado a Carrero" y me contestó: "ya será menos".
Años después, en su despacho, pregunté a Pedrol por su guerra con Carrero y me dijo que nunca se planteó ir contra él: "habría sido pretencioso de mi parte. Me personé en el sumario de Matesa, en nombre de las pequeñas empresas que sufrieron el crack, para ir contra Mariano Navarro Rubio, que me incordió bastante por temas fiscales. Yo pagaré al Estado lo que deba pagar cuando los presupuestos del Estado se aprueben democráticamente".
Joaquín Domingo Martorell, entonces funcionario de la BIC, fue el policía que recogió a Carrero, aún con vida, y lo llevó al Hospital Francisco Franco: "balbuceaba, pero no se le entendía lo que decía".
Seguidamente volvió al lugar del atentado, se metió en el cráter producido por la mina antitanque, gateó por el túnel y salió al estudio de "escultura" de Claudio Coello, habló con el conserje (policía armada que prestaba servicio en el Ministerio de Agricultura) y fue a ver al propietario de la finca, quien dijo desconocer quién alquiló el entresuelo: "pero le doy el nombre de mi abogado, que es un perro de presa y seguro que sabe dónde vive ese individuo".
Habló con el abogado y le dio la dirección de Mirlo,1, adonde fue con una orden de registro y encontró una botella y cinco vasos con las huellas de los cinco miembros del comando, que huyeron por Barajas. En el estuche de un medicamento, que Argala utilizaba para su úlcera de estómago, estaba anotado el número de teléfono, cuyo abonado era un viejo abogado del PCE y correspondía al piso de Alonso Heredia, 11, donde detuvieron a Simón y, en la misma calle, murió de un disparo de la Policía el mensajero que los agentes del orden suponían enviado por Eva Forest a Simón.
La detención de Simón Sánchez Montero se produjo a las 23.30 h. del 20-12-73. Provisto de una orden de registro y acompañado por un funcionario de la Brigada Político-Social, Joaquín Domingo Martorell llamó al piso y no contestó nadie. Solía ocuparlo el hijo del propietario cuando venía de vacaciones (era traductor en la ONU), montaron guardia y oyeron una llamada de teléfono que se cortó enseguida, lo que le hizo pensar que dentro había alguien.
Aporrearon la puerta y, cuando estaban a punto de derribarla, abrió Simón, en pijama, y preguntó con calma qué deseaban. Joaquín le soltó un guantazo y le dijo: "cabrón, ¿no oyes que estamos llamando desde hace dos horas?" Y el policía de la Social le dijo a Joaquín: "no le toques, que éste es el máximo dirigente del PCE en España".
Registraron la casa: la bañera estaba llena de papeles quemados y el inodoro atascado de cintas de magnetofón, inutilizadas al entrar en contacto con el agua. Se lo llevaron a la DGS y comunicaron la detención al ministro de la Gobernación, Arias Navarro.
Sobre la actitud de Franco ante la muerte de Carrero, se dice que exclamó: "¡tan pronto!" Y esto se interpreta de dos maneras: o bien lo temía o se extrañaba de que el Jefe del Gobierno madrugara para ir a misa.
Torcuato Fernández Miranda asumió provisionalmente la Jefatura del Gobierno (como vicepresidente que era) y años después dijo que esa noche habló en televisión para que los españoles durmieran tranquilos: "se lo había comentado a Franco y no le pareció bien, pero lo hice y me costó no ser presidente del Gobierno".
Eso lo contó en el almuerzo de despedida ofrecido por los periodistas parlamentarios cuando dejó de ser presidente de las Cortes Españolas y se celebró en el restaurante Señorío de Bértiz, donde Pedrol organizaba sus almuerzos con la prensa.