 |
Presencia de Federico-Carlos Sáinz de Robles
Por Juan Miguel Pérez
|
Valiente y torero, jurista de alto vuelo y, sobre todo, persona, amigo de siempre, punto de referencia, zapador infatigable. Ese mirar de frente, apacible y enérgico, pura bondad y sabiduría, como si la vida te fuera en cada instante.
Joven y rico -como corresponde a tu nombre- has cruzado esa puerta estrecha por la que aspiramos a entrar con un pizco de tu tremenda dignidad y permanente atención para con los más débiles, como si no fuera contigo el sufrimiento.
Siempre el mismo dondequiera que te encontraras, antes, después y durante esa responsabilidad que marcó un camino de independencia duro de recorrer sin perder la brújula ni la compostura.
Juez constitucional por excelencia, no dudaste un instante en marcar ese norte de convivencia y paz razonable que algunos se resistían a compartir. Fuiste ese ángel que sujetó el timón a tiempo y despejó dudas e incertidumbres.
Todos te tuteábamos porque te considerábamos padre y hermano, incondicional a todas horas, inagotable. Tu presencia nos da energía y confianza en alcanzar esa meta que es -nada más y nada menos- amor.
Esa mano tendida, tu sonrisa siempre abriendo ese tesoro de la amistad, como si el tiempo no fuera contigo, convirtiendo el debe en haber a sabiendas de que ese balance de cuentas es el único que importa.
|
|