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Los entresijos de la Justicia
Por Juan Miguel Pérez
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Después de 35 años frecuentando el Palacio de Justicia, aún queda mucho que ver y aprender. En las jornadas de puertas abiertas, las preguntas de los visitantes iban al grano: ¿por qué la espada, la balanza, la venda, la toga, la decoración, Cristo crucificado...?
Lo Penal y lo Civil concitaron más curiosidad entre el público, en su mayoría, personas maduras que mostraban verdadero interés por temas humanos que allí se ventilan cada día, sin que en las respuestas se mostrara demasiado rigor en la definición del papel del secretario judicial, que ya no toma nota porque se graba lo que allí se dice, mientras que en Alemania se exige al juez que primero pase por la cocina.
El hecho es que la inmigración está copando el trabajo de los juzgados de instrucción, que hay pleitos que tardan diez años en llegar a puerto, que sigue siendo tedioso
pleitear contra la Administración porque a ella han ido a parar asuntos que antes eran de lo Social y que "tengas pleitos y los ganes".
Nada se habló de esos colaboradores necesarios que son los abogados y los procuradores. Tampoco, del Ministerio Fiscal ni de la Abogacía del Estado -vaya un recuerdo entrañable a
Pedro González Barquín- ni de la Policía Judicial. Algo se dijo de la Audiencia Nacional y casi nada de lo Militar. Sí del Constitucional, pero enfatizando que el
Supremo es el Supremo y los otros, pues eso, lo que dice la Constitución, sin aludir a problemillas surgidos en su historia de cuarto de siglo, como que el mero atestado policial no es suficiente para romper la
presunción de inocencia; la embargabilidad del sueldo de los militares; la
sentencia de Rumasa; la matización de la Ley de
Aborto, etc.
Ninguna alusión al Consejo de Europa ni al Tribunal de las Comunidades Europeas. Tampoco se aludió a leyes como la de Delitos Monetarios, que imponía penas de privación de libertad sin tener rango de orgánica.
Sí se habló de la creciente presencia de la mujer en la Magistratura y las previsiones para los próximos años en razón del elevado porcentaje en las facultades de Derecho y en la Escuela Judicial.
Seguimos teniendo un Derecho, para algunos, muy garantista, lo que
se traduce en dilaciones. El juez del mazo tiene su encanto y resulta de gran eficacia para los británicos.
No alcanzo a comprender que el Ministerio Fiscal mantenga criterios diferentes en un TSJ y en el Supremo. Y no entiendo que el propio abogado pase de las consideraciones de su cliente sin explicación alguna, salvo que "Hervás" tenga razón.
Lo peor es la irrupción de la política, palabra que unida al nombres más excelso -el de madre- lo convierte en alguien que a muchos trae por el camino de la amargura, aunque ése no es mi caso, y que de ahí vendría la palabra
"estorba", según mi amigo José Luis García Mónico, que en nada desmerece a los sabios griegos.
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