 |
Juguete
Por Juan Miguel Pérez
|
"Objeto que sirve a un niño para jugar" -dice el
diccionario- me parece una pobre y mala definición.
Prefiero que sea algo que incite la imaginación, la
curiosidad y la utilidad.
No son máquinas de matar ni de presumir, ni siquiera anestésicos
para que los peques nos dejen tranquilos un rato. Si
"un juguete es una ilusión", en cuanto lo reciba
el niño ya será ilusión muerta.
La idea de felicidad es búsqueda constante que mantiene
activas las potencias del alma que aspira a realizar aquello
para lo que fue creada. Y amar es sufrir por lo que se
quiere hasta lo infinito: el gozo no es completo si no se
comparte.
Mejor que un regalo será que cada niño se construya su
juguete para ejercitar su maña y su ambición, que empezará
por competir y terminará por compartir, pues la felicidad
no se concibe en solitario.
Se aprecia lo que cuesta conseguir. La sonrisa de un niño
es cosa seria. En cuanto nuestra madre se iba a misa el
domingo por la mañana, los diez hijos -cuando éramos
peques- invadíamos la cama y nuestro padre se dejaba hacer
perrerías: era nuestro juguete.
Según nos hacíamos mayores, nos incorporábamos a la
caravana de Reyes para transportar los regalos que los demás
esperaban. Y nos daban las tantas jugando con tan diverso
material. No había dinero, pero sí mucho cariño: tanto,
que se estiraba para todo el año. Más que juguete, era
jugo del bueno
|
|