 |
Taco de jabón
Por Juan Miguel Pérez
|
"Sin amor, nuestra vida no tiene sentido". La limpieza, obsesión de la humanidad, es instinto de conservación hasta en los animales, que lamen sus heridas. Necesitamos de un corazón limpio para dar aquello que se espera de nosotros.
El egoísmo es ese agua dura con la que el jabón no hace espuma: "la caridad, bien entendida, empieza por uno mismo". Por eso gastamos más agua en el aseo que en beber o cocinar,
Los textos bíblicos están plagados de alusiones a este menester, que se convierte en obsesión cuanto más se estira la cuerda.
La publicidad tiene un buen filón en el orgullo de la limpieza: unas gotas de detergente son suficientes para obrar el milagro de apartar la mugre. El más cerdo es quien cree que no mancha y se habitúa a la miseria.
Apartar las partículas de suciedad es la acción de una base sobre el cuerpo graso: lavar no es dar jabón. Adular es halago servil, indigno de la persona.
La juventud nos rechaza porque está harta de tanta doblez. Su desprecio alcanza límites insospechados porque somos pura fachada. Les hemos dado algo que puede parecer bienestar y nuestra paguatez les ha privado de ese mirar frente a frente y este es el momento en que no nos conocemos.
Despreciamos lo que ignoramos. En este siglo rematamos nuestra vida con la bandera de la imbecilidad porque tal vez somos nosotros quienes no hemos madurado.
La pastilla de jabón se deshace al compartir, cuando el amor rompe en ebullición y lanza al cielo pompas irisadas: el encanto de la vida de tantas personas que la pierden por los demás.
|
|