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Generación lenguaraz
Por Juan Miguel Pérez
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Bienvenido sea el descaro y atrevimiento de la generación que toma relevo. La palabra -expresión del pensamiento, compromiso de honor, fidelidad a lo prometido- se da, se toma y se cumple.
La voz matiza con firmeza, emoción, duda, miedo, alarma, queja o reproche. Mientras que lo escrito permanece, pero si no tiene fecha carece de valor,
El idioma, definidor de la comunidad que lo practica, se configura por la geografía, el clima, las costumbres y la actividad de los pueblos, empeñados en marcar diferencias con sus vecinos.
La cultura, remate de calidad humana -ciencia, literatura y arte- es lenguaje de civilización: lo que vale la pena conservar, promover y actualizar.
Nacer, reproducirse y morir resultaría de lo más idiota para el género humano sin la voluntad de querer que nos hace amar-odiar, conocer-ignorar, recordar-olvidar, disfrutar-sufrir, acudir-huir, entregar-quitar, gozar o llorar.
De los elementos, la luz. Del sistema, la armonía. De la creación, la belleza. El miedo es el caos -confusión, desorden- de la humanidad.
Quien no tiene culo no siente miedo. La clave está en querer y saberlo aguantar para hacer lo que ha menester, incluso morir en el intento, que es cuando surge la idea, rayo de la inteligencia.
Decir lo que se piensa sin pensar lo que se dice puede ser exabrupto -salida de tono-, pero callar y luego soltar el navajazo es "malafollá", expresión acuñada en un velatorio de Granada, cuando alguien dice a la viuda: "lo siento". Y ella contesta: "déjalo tumbado, está mejor".
Lo de hoy en Salamanca va en serio.
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