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Elementos básicos del mundo
Por Juan Miguel Pérez
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Fuego, aire, agua y tierra: la doctrina de los cuatro elementos, entendidos como principios o sustancias fundamentales por Empédocles de Agrigento -cuatro siglos antes de nuestra era- nos refrescan la memoria, cada día más pesimista respecto de la calidad humana: ese empobrecimiento de la vida por el desprecio de la verdad nos aleja del sendero de progreso para situarnos en el desamor: la moral de los señores (ímpetu, valor, riqueza y poder).
La civilización, atascada en su propio barrizal, para Nietzsche, necesitaba de savia nueva y son los bárbaros quienes la inyectan en corrupto imperio romano. De eso han pasado quince siglos y medio, pero la historia de repite: de la sandalia se pasa al zapato y ahora predominan las deportivas.
Superada la pesadilla de la bota, aquí nos disponemos a pasar página de nuestra reciente historia de treinta años: la muerte de Franco, precedida por la tromboflebitis, la presentación de la Junta Democrática y el asesinato de Carrero -que no tuvo juicio-, respecto del que Arias Navarro (ministro de Gobernación) dice que "sería una herejía tratar de implicar al Partido Comunista", a pesar de que la policía, tirando del hilo de ETA, da con los huesos de Simón Sánchez Montero.
A un mes de la efemérides, Santiago Carrillo reaparece de telonero. La criatura será niño y los inmigrantes seguirán llegando descalzos, de puntillas: saben que los necesitamos como agua de mayo.
Sueño con medios de titularidad estatal que no estén al servicio del Gobierno de turno. Parece que algo se mueve. Para evitar favoritismo, que uno parta y el otro elija.
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