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Aprender a estudiar, casi nada
Por Juan Miguel Pérez
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Con una mano atrás y otra delante, y la boca abierta, para que no escape nada. Desde la humildad -"sólo sé que no sé nada"- y con la ilusión de alcanzar el conocimiento y la razón de lo que nos inquieta, habrá que empezar por poner el caballo delante del carro.
Rindo homenaje a los buenos profesores que no apabullan a sus alumnos con el fuego eterno de la ignorancia. "Estáis todos aprobados, no pasaré lista ni haré exámenes. Sólo trataré de lo poco que sé y me podéis interrumpir cuantas veces queráis y siempre estaré a vuestra disposición para resolver dudas".
La clase de José Luis Álvarez -Televisión- era la más concurrida en aquella promoción del 68, que no desmereció a las otras de Periodismo. Y puso de manifiesto la avidez que todos los alumnos tienen por aprender: si en el aula no se les explica, acabarán por matar su inquietud en la calle, que desgraciadamente es la que más enseña.
Estrella de profesores fue quien preparaba concienzudamente sus clases y hacía cada mes un informe de sus alumnos y lo comentaba con los padres. Los demás enseñantes boicotearon tan honrada labor porque no estaban dispuestos a seguir tan tedioso camino.
Estos alumnos serán protagonistas de la Historia para bien o para mal y sus profesores tienen esa oportunidad única del guardagujas: facilitar su destino o aparcarlos en la vía muerta de la desesperación que es la ignorancia. El Maestro -la sabiduría por excelencia- se cabreaba: "dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis".
La única diferencia es que Él no se encerraba en un aula, sino que enseñaba en campo abierto. Y siendo la bondad infinita, en alguna ocasión intentaron apedrearle. Fueron otros profesores los que le crucificaron y murió perdonando
porque no saben lo que hacen.
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