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Hoy –Día internacional del Alzheimer,
que ya afecta a 25 millones de personas- hay que releer un artículo
de Manolo Gómez Ortiz –psiquiatra, filósofo y comunicador
nato- quien nos invita a esforzarnos por entender a nuestros
enfermos: que les prestemos especial atención para intentar
captar los mensajes
que nos lanzan –consciente o inconscientemente, según los
momentos- tanto con el lenguaje verbal como no verbal: sus pensamientos
(con el primero) y sus sentimientos
(con el segundo).
“Como personas que son, a los que
estamos a su alrededor nos importa saber qué piensan… qué
es lo que sienten –sus alegrías, sus tristezas- para
ayudarles como podamos; al final, será casi un acto de
adivinación, pero no tanto, ya que del mucho mirarlos desde
el comienzo del mal, de observarlos con amorosa
atención, también casi estamos seguros de saber lo que
piden, lo que dicen, lo que nos quieren decir”.
Manolo –que así llamo a mi ángel de
la guarda- nos empuja a movilizarnos para procurarles un
trato realmente humano y personalizado. Y nos da la
receta: conocer y estimular sus gustos y aficiones,
conocimientos, hábitos y costumbres, sentimientos y
preocupaciones, que empiezan por la constatación de pérdida
de la memoria.
Ante la tendencia al deambular errante,
nos propone “reducir al mínimo los cambios de ambiente y
rutina sanos”, hablarle calmadamente y facilitarle el
ejercicio físico adecuado a su situación y fase para
“atenuar el pánico que le asalta al sentirse desorientado,
y que le empuja a realizar una marcha desorientada”.
Sin regañar ni discutir, en caso de
noctambulismo, “recordarle que todavía está oscuro, y, por
ejemplo, colocarle la radio con auriculares para que no
moleste”. Nos advierte que “las personas con demencia
suelen sentirse peor en estas horas, dado que la oscuridad, la
penumbra, la menos luz les aumenta la confusión, lo que unido
al cansancio del final del día, propicia un aumento de la
angustia”. Y nos advierte: “no
se ponen pesados para molestarnos, sino a causa del daño
cerebral que padecen”.
Y
que no insistamos en preguntar dónde está lo que pierden y
olvidan: “sólo conseguiremos irritarlos”, ni nos
irritemos cuando nos pregunten repetidamente -pues “olvidan
al momento”- o nos digan que les hemos robado algo que no
encuentran, reproche que hacen “al primero que tienen a su
lado, que siempre, seguro, será un familiar o un cuidador, no
hay muchos más que se les acerquen; nos limitaremos a
distraer su atención hacia otro punto”.
“El rechazo hacia los enfermos de
Alzheimer, y demás personas con demencia senil –concluye
Manolo Gómez Ortiz-, es el modo más dolorosamente frecuente
de comunicación con
estos pacientes, estas personas azotadas por esta plaga de
nuestro tiempo. Necesitan todo lo contrario: mantenerlos
atendidos dentro del grupo, no aislados”.
[“El trato adecuado a
las personas con alzheimer”, del Dr. Manuel Gómez
Ortiz, fue publicado hace un año en la revista “En
bloque”, por la parroquia de Santa María de la
Esperanza, de Madrid]
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