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Poquito a poco
Por Juan Miguel Pérez
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Se puede encerrar el cuerpo, pero no la mente, que alza vuelo de forma insospechada y prodigiosa. Fuentes bien uniformadas me dicen que uno de los presos más peligrosos acude al médico alegando fuerte dolor en un brazo, que acaba siendo extirpado para evitar males mayores. Y obtiene autorización para darle cristiana sepultura en la tumba de su madre.
Por el mismo procedimiento pierde el otro y después una pierna, pero cuando ya se queja de la única que le queda, el celoso director de la prisión estalla: "tú te me estás fugando poquito a poco".
Amplia literatura señala que el alma vuela y no la sujetan más que las propias miserias: esa caprichosa subversión de valores que nos lleva a dislocar -por egoísmo- nuestro plan de vuelo.
Esos disparos al aire -propios de celebraciones en otras culturas- los imagino salvas de despedida a la violencia por bienvenida convivencia. El globo de la libertad que nos dimos en la Constitución tiene el único límite de la convivencia en paz y solidaridad: si lo inflas demasiado, será el Constitucional quien te despegue el chicle de la cara.
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