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Un siglo de Alzheimer
Por Juan Miguel Pérez
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Cumplidos los cien años del diagnóstico de esta enfermedad por el médico alemán así apellidado -con pronunciación esdrújula-, la jornada de hoy está dedicada a la sensibilización de la sociedad ante una
enfermedad invalidante que pone de relieve la incapacidad humana para aunar esfuerzos ante un problema vital que nos puede: sólo hemos aprendido a alargar el sufrimiento.
Cuarenta años viajando por el espacio sin conocer el universo de nuestro interior puede ser exponente de nuestra imbecilidad. Somos incapaces de aunar esfuerzos en una investigación que nos oriente hacia las causas de tal deterioro, quien lo consiga se forrará.
Los geriatras han desaparecido de la medicina pública, con lo que se pierde la visión global del paciente. Los psiquiatras han sido barridos por los psicólogos y los neurólogos no dan abasto.
El mejor pago de las sustituciones en los centros públicos secuestra a muchos de los buenos cuidadores, entre los que predomina la mujer, mejor dotada y más dispuesta a paliar el desastre.
Los actuarios de seguros deben vaticinar malos augurios cuando los políticos se apresuran a garantizar los compromisos de la Seguridad Social para los próximos cuatro meses:
excusatio non petita, accusatio manifiesta.
El espejuelo de nuestra felicidad refleja la dura imagen de nuestro
individualismo. El negocio del dolor sigue siendo un buen filón, especialmente para quienes no tienen alma -sólo instinto- como los insectos de la putrefacción.
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