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PATÉTICO FINAL de carrera política el
que está escenificando Alfonso Guerra.
Después de presidir la Comisión Constitucional que ha
perjurado el Estatuto de Cataluña, después de haberlo
votado en el Congreso (aunque se marchó inmediatamente, sin
esperar el resultado de la votación porque no resistía la
vergüenza), a los tres días ha intentado tranquilizar su
conciencia con unas declaraciones en donde advierte a los
demás de peligros y errores que, al parecer, no acaba de
ver en sus comportamientos personales...
Considera "inquietante" la actual "desviación
territorial" de los políticos y de sus ideologías
e incluso observa que una cosa semejante ocurrió en el
momento de la disolución de la URSS.
Los dirigentes comunistas, viendo que aquello se
disolvía, se envolvieron en las banderas nacionalistas para
seguir manteniendo el poder, fenómeno que Guerra aprecia
también en el actual proceso de reformas estatutarias... No
concreta si lo viene observando en el PSOE, aunque tiempo ha
tenido, porque en realidad nunca desde la Transición ha
sido el suyo un partido "español", sino que en
Cataluña está supeditado al PSC a quien viene entregando
los votos inmigrantes para que éste se los devuelva, desde
siempre, en forma de presiones nacional-socialistas de
Maragall. Y hasta pudiera percibirse ya la misma deriva en
un par de Comunidades Autónomas, por el norte.
Según declara Guerra a las pocas horas de haber votado
un Estatuto al que se oponía firmemente, pero sólo hasta
que llegaron los momentos decisivos, "hay que tener
un proyecto ideológico propio", sin dejarse llevar
por "la fiebre reformista"... En su
contradictorio criterio, se debería poner fin "a
esta escalada excesiva en donde cada uno quiere subir un
escalón más que el otro", porque hay "una
especie de contaminación nacionalista". Tampoco
aclara si algo de todo esto que describe lo ha observado en
su propio partido o si es que nunca ha mirado dentro del
mismo...
Con tales afirmaciones, Alfonso Guerra problemente quiere
salvar su nombre ante lo que se nos avecina... Pero, por el
contrario, sirve para demostrar que "lo sabe"...
no podrá argumentar ningún desconocimiento acerca de lo
que ha hecho... Ha votado con alevosía.
Su nombre pronto merecerá estar, con destacadas letras
propias, entre los grandes traidores de la Historia de España.
Y ha probado que perpetró con premeditación su asesinato
por la espalda.
De paso, a quien ya se podía tener por don Rodrigo
Zapatero sólo que de peor condición, porque él está
dispuesto a pasarse con armas y bagajes a los witizianos, ha
venido a rebautizarlo como Zapachov, el último se
esta URSS nuestra que se desintegra. Pero también en esto
se quedaría corto: lo que odia y desprecia el vallisoletano
leonino es a la propia Rusia, de la cual, al menos de la
nuestra, de la de aquí, Rodríguez Gorbachov no se
siente.
En cuanto al viejo fustigador de "tahúres del
Mississipi", que ahora defiende los sueldos, dietas
y pensiones millonarias que quiere conservar... cabría
preguntarle si percibe la existencia de algún "Judas
de la Bética" por sus proximidades, que el lunes
se arrepiente de lo que votó el jueves. Pero que prefiere
no buscar un olivo donde ahorcarse sino seguir montado en el
coche oficial...
Y mejor no pensar en qué negocios andarían metidos a
esas horas, tan callados, todos los viejos descamisados de
Suresnes...
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