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IMAGINE
USTED, desprevenido lector, que “mañana” sale
usted a la calle y no tiene usted que cantar nada sobre lo
que “será” o no será “España”,
porque resulta que ya es: “gobernada por todos en
común”, o sea, realmente democrática.
Imagine,
pues, que no es que haya llegado ese 14 de abril que más
bien fue un intento fallido de establecer un Régimen
sectario y contralosotros (una “Reprivada” de
algunos) sino que ha corrido el calendario y ya estamos en
una fecha seria: el 23 de abril... De manera que en
la Constitución o Ley Suprema se han establecido cosas como
éstas:
1.
“Las leyes obligan tanto a los gobernantes como a los
gobernados”... Lo cual, además, se cumple: por lo que
se puede juzgar y revocar al gobernante que incumpla la ley
y al juez que prevarique.
2.
“El Estado no es de los estadistas, gobernantes ni
funcionarios sino de los ciudadanos que costean los sueldos
de aquéllos, sus asalariados”.
Y
que, además, se han establecido ya principios
democráticos en los que usted hasta este momento quizá
no había pensado, pero sin los cuales no es posible “la
realidad (palabra de moda)... democrática”...
de la nación o evocación “nacional” que sea.
Por ejemplo, ya se ha establecido:
–Que
los ciudadanos participarán en el establecimiento,
distribución y control del gasto público y de los impuestos,
así como fijarán los sueldos públicos que quieren
ofertar a las autoridades y demás empleados públicos.
-Que
los ciudadanos elegirán democráticamente a todos los cargos
públicos y administrativos.
–Que
los ciudadanos, además de elegirlos, verificarán
después el cumplimiento de las
obligaciones políticas de unos o del rendimiento
laboral de los otros, revocándoles de su mandato si lo
exceden o traicionan, o cambiándoles de destino o incluso
despidiéndoles, si no merecen el dinero que cobran,
respectivamente.
–Que
también serán electivos y sometidos a control y a
la prestación de un servicio eficaz los jefes de policía y
agentes a su servicio.
–Que
los jueces, como cualquier empleado público que
cobra del presupuesto, están obligados a demostrar un
rendimiento y productividad en su servicio, están sujetos a
la ley desde fuera de su estamento para evitar
corporativismos, es decir desde un Tribunal del Jurado
con capacidad para enjuiciarlos y para revocarlos, en
determinados supuestos, y que incluso son elegidos
democráticamente y hasta los ciudadanos que prueben
determinadas aptitudes pueden ejercer funciones judiciales,
con el debido asesoramiento técnico.
–Que
los ciudadanos son el ejército, y que sus mandos están sometidos
al poder civil incluso en sus cometidos y misiones
previos a entrar en combate. Desde luego, la paz y la
guerra la declaran los ciudadanos, no los mandos
militares ni los gobernantes.
¿Qué
le parece, lector amante de la democracia...? ¿Le apetece
servirse de algunos puntos?, ¿de todos?, ¿de la mayoría?
Pues
sepa que estos puntos programáticos, que ya quisieran para
sí los “progresistas de nuestros días”, no son ningún
programa: sino realidades llevadas a la práctica durante
siglos.
En
comunidades geográficas locales, ciertamente; pero que un día
se unieron y plantearon su reto al Estado central, para que
fueran ya la norma y la práctica común a todo el Estado...
El reto decisivo ocurrió entre mayo de 1520 y el 23 de
abril de 1521, cuando los revolucionarios de las Comunidades
de Castilla fueron aplastados por el ejército imperial de
Carlos V, que había descargado la guerra contra aquellos
que habían osado decirle, rebosantes de razón: “Mercenario
sois de nosotros, el Reyno”, “El Reyno no es del
Rey, sino de la Comunidad” (la Comunidad, el o la Común,
que es como se decía entonces “nación política”, en
castellano), “Las leyes destos reynos assí han de
obligar a los príncipes como a la Común”...
Aquel
23/24 de abril fueron decapitados Padilla, Bravo y
Maldonado, unos adelantados no a su tiempo... sino al
nuestro. Aunque Toledo, que había iniciado la Revolución
de la Comunidad (Nación, diríamos hoy) de Castilla, todavía
resistió casi un año más.
Vaya
por todo ello, y por los ideales verdaderamente progresistas
que algún día rebrotarán, aquí o en otro lugar del
mundo, mi memoria y mi recuerdo.
P.
D. Dedico este texto a José Bono que hace unos días,
en su despedida ministerial, demostró no saber ni que fue
Castilla quien descubrió América, y no “España”, y
que probablemente menos sabrá todo lo anterior, ya que en
sus 21 años como presidente regional jamás conmemoró el
23 de abril, Día de Castilla, a pesar de que comenzó y
concluyó en Toledo; a pesar de que dos de los tres
decapitados en Villalar el 23 de abril, Padilla
(Toledo) y Juan Bravo (Guadalajara) eran originarios
de su región. Y a pesar de que su gobierno, el de José
Bono, ha usurpado durante 21 años (más otros dos con
Barreda), sin duda también sin saberlo... hasta el nombre
del Gobierno Revolucionario de los Comuneros de
Castilla...: “Junta de Comunidades”.
Dedico
también este texto a los progresistas y a los simples demócratas,
para que contrasten lo que debería ser una verdadera y
sugestiva democracia, con la vacuidad que ahora tenemos.
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