TENGO la certeza de que la literatura de fantasía más
rentable es la que se escribe en las Páginas Oficiales de
cualquier Régimen, con enorme diferencia sobre todo los
restantes géneros de novelas.
¡Ahí es nada la riqueza que se adquiere en cuanto uno echa
mano de la ficción y se pone a escribir leyes políticas
falsarias, códigos legales imaginativos, ordenes
ministeriales supercheras, reglamentos diversos oblicuos,
sentencias judiciales trápalas, fiscalizaciones oficiales
de artificio y declamaciones fabulosas, altisonantes y
difundibles por todos los medios de propaganda...! Y luego
están los cuentacuentos oficiales del reino... que
comparecen una vez al año, en forma de Tribunal de Cuentos,
para asegurar que la cosa va “medio bien”. O sea, que la
gestión económica del Estado y del sector público no es
un latrocinio completo.
Otra cosa no pueden contarnos, porque a la vista de las
noticias que van apareciendo en la prensa sólo sobre el
tema de la financiación de los partidos, los cuentistas del
Alto Tribunal Cuentístico han debido de echar cuentas y han
decidido no tirarse el cuento completo, en la comparecencia
parlamentaria del pasado martes de su presidente, don Ubaldo
Nieto, Cuentero Mayor de las Incontables Contadurías del
Reino.
Déjenme que les cuente que el Tribunal de Cuentos se fundó
allá por el año 1851, reinando doña Isabel II, conque fíjense
la cantidad de fábulas que habrá contabilizado desde
entonces para acá, tiempos de Franco incluidos, para que
ningún gobernante haya dado con sus huesos en presidio por
malversación de caudales públicos...
Los cuentos, por otro lado, datan de mucho antes, porque ya
en el Antiguo Régimen había Contadurías Mayores de
Cuentos, dotadas espléndidamente con cargo al presupuesto público,
para que se ajustaran las cuentas perfectamente con los
deseos del poder que había nombrado a los cuentistas. O
sea, exactamente igual que ahora, para quien quiera entender
que tampoco en esto nos hemos movido ni un ápice del
Antiguo Régimen, en esencia.
Porque la mayor ficción de la Ley Orgánica 2/1982 que
regula a los Consejeros de Cuentos actuales es que, por una
parte, establece que los designarán las Cortes entre sus
amigos (bueno, literariamente habla de “prestigio” y
otras fábulas) y, por otra, finge que serán
“independientes”... De manera que entre los Consejeros
hay hasta ex-compañeros de escaño de los contabilizados,
que se apresuraron a romper su carné del partido, para
demostrar que ya iban a ser independientes de todo, menos de
sus sueldos y bicocas que recibían y de las que esperaban
seguir percibiendo en el futuro.
En una democracia real, la gestión económica debería ser
fiscalizada por Tribunales Democráticos de Cuentas,
elegidos al margen de los partidos, que han de ser los
contabilizados de esta forma por los dueños del dinero: los
ciudadanos.
Pero mientras la ciudadanía sea tan crédula que acepte sin
rechistar unos Cuentos tan endebles como los del actual
modelo político, hacen bien los gobernantes en tratar a los
ciudadanos como simples y torpes niños.