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NUNCA
ADMITIRÍAN los redactores del “Estatut” que junto
a esa supuesta “nación sentimental” –que, según se
nos quiere hacer creer, es todo cuanto se pretende y no
rompe por tanto a la nación española– apareciera
textualmente en el Preámbulo de dicho Estatuto que la única
nación jurídica y soberana es la que recoge la Carta
Magna.
Mucho
menos aún admitirían que en el articulado del Estatuto se
recogiera el artículo 2 de la Constitución, donde alude a
la “indisoluble unidad de la Nación española, patria
común e indivisible”.
Al
contrario, todos comprendemos que de dicha mención
constitucional huirían como de la peste... precisamente
porque “eso” es lo que se pretende: huir como de la
peste de tales mandatos constitucionales.
No
es con talante ofensivo, sino con criterio meramente
descriptivo con el que califico de perjuro a ZP. Quien se ha
comprometido a guardar y hacer guardar la Constitución y
perpetra el fraude aludido... es un perjuro. Yo sólo le
aplico el nombre que requiere en castellano.
“España
no se merece un Gobierno que le mienta” sentenció el filósofo
Rubalcaba, ignorando que fue sirviente del Gobierno de los
GAL y que todos los gobiernos del mundo se fundamentan
esencialmente en la mentira... Pero, desde luego, lo que
España no se merece es un Gobierno y un partido de perjuros
constitucionales que atenten contra la línea de flotación
más básica del Texto al que deben sus cargos.
Ambas
pruebas iniciales me persuaden por completo. Probablemente,
también a ustedes... Pero si hubiera que probarlo más
–es decir, de hecho– bastaría con que el PP
propusiera la inclusión de ambas citas durante las
sesiones de debate del Estatuto que nos aguardan. La
negativa sería rotunda... o se habría desvirtuado
“eso” que sus redactores deliberadamente pretenden.
De
donde también extraigo otra conclusión: la incapacidad del
PP para buscar argumentos que, inequívocamente, prueben el
dolo de la traición que se redacta...
De
lo contrario, ya tendrían sus cargos un mejor epíteto para
dirigirse ZPerjuro desde todas las tribunas de oradores y
televisiones de España que el patético "bobo
solemne" que, aparte de no significar nada, sí tiene
un componente gratuito y menoscabador del honor que él
mismo con sus actos menoscaba.
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