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¿Usted sabe adónde nos lleva el caudillo ZP?

Por Juan Pablo Mañueco

Hoy vamos a hablar de caudillos, cabecillas, líderes y otros cabezudos y cabeciduros: por ejemplo, hablaremos de usted mismo... Vayamos allá:

LA NOCIÓN de “líder” no es nada democrática, sino precisamente su antónimo, aunque siempre vivamos bajo la sombra del “líder” de los partidos “democráticos”, o que se nos venden como tales en este mercado de las ficciones estupefacientes que es la publipolítica.

Pero cuando el líder cabecero se escapa del grupo y se pierde en la lejanía tras la que nos arrastra a todos, el cabeza pensante se transmuta en caudillo: en el cap-dillo o cab–ecilla que decide por todos.

Y la definición sigue valiendo aunque el cabecero sea un cabezota que por algún motivo cabezudo se haya situado en cabeza y avance dando cabezazos sin tino, pero siempre adelante y como sea, cada vez más caudillo y más líder del pueblo soberano o, por mejor nombre, del pueblo cabestro, que es lo que somos todos en estas pseudodemocracias verticalistas de los líderes/caudillo... En las que durante cuatro años el cabezón de turno puede hacerles todo lo que le plazca a los electores, que han de seguirle en sus delirios, cada vez más cabizbajos.

Luego, al cabo de unos años, los electores eligen otro caudillo: que vuelve a hacer lo mismo, porque para eso está diseñado el sistema pesebrista de los partidos verticales que manducan según su fidelidad a quien les encabeza y de los politijueces y politifiscales a su servicio. Para que todo sea una sucesión interminable y permanente de caudillos...

Y ahora, para que ustedes vean cómo el análisis que acabo de esbozarles se adecua perfectamente a la realidad de España... les diré a los simpatizantes de la izquierda que, en los párrafos anteriores, me estaba refiriendo a José María Aznar, el caudillo cabezón que se obcecó en una guerra innecesaria. Pero, a la vez, añadiré a los simpatizantes de la derecha que, en dichos párrafos anteriores, me estaba refiriendo a José Luis Rodríguez Zapaterco, el actual caudillo cabeciduro de nuestros temores cabestreros y variados, porque vienen desde diversos ángulos.

¿Lo ven, simpáticos aunque poco críticos simpatizantes de la izquierda o la derecha, cómo lo que falla es el sistema de caudillos y todo el sistema de verticalista sumisión política y judicial, y no digamos ciudadana, al testarudo y omnímodo caudillo?

Dicho lo cual, que -si ustedes no son cabeceantes caballerías que quieren condenarse eternamente a darse cabezadas contra un modelo caudillista que les encabestra por sistema- les hará reflexionar... les digo también, en un aparte:

¿Ustedes saben adónde nos lleva el caudillo, ¡pre-sen-te!, ZP...?

Yo tampoco; e incluso cada vez tengo más nítido que, igualmente, no menos lo ignora él... Lo cual sí entraña un problema grave, peliagudo e inquietante de cabeza.

 Accede a otros artículos de Juan Pablo Mañueco (Historial) >>

 

   

   
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