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Hoy vamos a hablar de caudillos,
cabecillas, líderes y otros cabezudos y cabeciduros: por
ejemplo, hablaremos de usted mismo... Vayamos allá:
LA NOCIÓN de “líder” no es nada democrática, sino
precisamente su antónimo, aunque siempre vivamos
bajo la sombra del “líder” de los partidos
“democráticos”, o que se nos venden como tales en este
mercado de las ficciones estupefacientes que es la
publipolítica.
Pero cuando el líder cabecero se escapa del grupo y se
pierde en la lejanía tras la que nos arrastra a todos, el
cabeza pensante se transmuta en caudillo: en el cap-dillo
o cab–ecilla que decide por todos.
Y la definición sigue valiendo aunque el cabecero sea un
cabezota que por algún motivo cabezudo se haya situado en
cabeza y avance dando cabezazos sin tino, pero siempre
adelante y como sea, cada vez más caudillo y más líder
del pueblo soberano o, por mejor nombre, del pueblo
cabestro, que es lo que somos todos en estas pseudodemocracias
verticalistas de los líderes/caudillo... En las que
durante cuatro años el cabezón de turno puede hacerles
todo lo que le plazca a los electores, que han de seguirle
en sus delirios, cada vez más cabizbajos.
Luego, al cabo de unos años, los electores eligen otro
caudillo: que vuelve a hacer lo mismo, porque
para eso está diseñado el sistema pesebrista de los
partidos verticales que manducan según su fidelidad a quien
les encabeza y de los politijueces y politifiscales a su
servicio. Para que todo sea una sucesión interminable y
permanente de caudillos...
Y ahora, para que ustedes vean cómo el análisis que
acabo de esbozarles se adecua perfectamente a la realidad de
España... les diré a los simpatizantes de la izquierda
que, en los párrafos anteriores, me estaba refiriendo a José
María Aznar, el caudillo cabezón que se obcecó en una
guerra innecesaria. Pero, a la vez, añadiré a los
simpatizantes de la derecha que, en dichos párrafos
anteriores, me estaba refiriendo a José Luis Rodríguez
Zapaterco, el actual caudillo cabeciduro de nuestros
temores cabestreros y variados, porque vienen desde diversos
ángulos.
¿Lo ven, simpáticos aunque poco críticos simpatizantes
de la izquierda o la derecha, cómo lo que falla es el
sistema de caudillos y todo el sistema de verticalista
sumisión política y judicial, y no digamos ciudadana, al
testarudo y omnímodo caudillo?
Dicho lo cual, que -si ustedes no son cabeceantes
caballerías que quieren condenarse eternamente a darse
cabezadas contra un modelo caudillista que les encabestra
por sistema- les hará reflexionar... les digo también, en
un aparte:
¿Ustedes saben adónde nos lleva el caudillo, ¡pre-sen-te!,
ZP...?
Yo tampoco; e incluso cada vez tengo más nítido que,
igualmente, no menos lo ignora él... Lo cual sí entraña
un problema grave, peliagudo e inquietante de
cabeza.
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