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DIGÁMOSLO
pronto: el contrato notarial que ha firmado CiU para las próximas
elecciones catalanas, no sirve, no crea vínculo legal...
Pero
entendamos por qué: vegetamos bajo un sistema que QUIERE
inutilizar los votos y que, por eso mismo, sólo
admite los votos inútiles: no vinculan a los votados, sino
que les faculta legalmente para incumplir sus promesas
electorales. De un modo sistemático. Es, por si aún no lo
habían entendido de todo, el sistema político del engaño
legalizado.
Y
ninguna de las palabras del anterior segundo párrafo está
puesta al albur, sino que las he escogido y las mantengo. Sólo
falta que ustedes las entiendan.
En
realidad, si el sistema QUISIERA que los electores decidiera
ACTOS de gobierno (he aquí la palabra que
permitiría acceder a la democracia, que no tenemos), o bien
permitiría eso mismo (que los votantes eligieran actos
de gobierno, con lo cual hasta sería bastante
indiferente que fuera ésta o aquélla sigla la que
estuviera obligada a HACERLO, en la práctica siguiente) o
bien establecería por ley que los programas electorales SON
siempre CONTRATO, es decir, que están para
cumplirlos.
¿Qué
menos se puede pedir que los compromisos y promesas públicas
se cumplan, señores ciudadanos?
¿Ustedes
no se dan cuenta de que les toman el pelo, señores
ciudadanos, cuando las candidaturas formalizan una promesas
públicas verbales y hasta las ponen por escrito —eso son
los programas electorales: compromisos públicos
escritos—, pero luego las incumplen cuando quieren, porque
la ley (del engaño sistemático) se lo permite?
Pues
sépanlo ustedes: les toman por tontos, por si no se habían
dado cuenta.
Los
simples folletos publicitarios de cualquier promoción son
EXIGIBLES ante los tribunales. Los programas electorales
orales y escritos, NO. Y el “contrato” notarial firmado
por CiU, TAMPOCO, porque le autoriza a incumplirlo la ley
política del engaño.
Dicho
lo cual, hay que añadir que, al menos, es un gesto simbólico
que debe aplaudirse. Y que sólo faltaría un paso más para
que pudiéramos acceder a un poco de democracia: que fuera
EXIGIBLE ante los tribunales.
POSDATA.
Sepan, pues, dos cosas indudables. Una, que les toman por
tontos. Y dos, que las críticas a CiU que he oído estos días
de los demás partidos son aún más risibles.
El
problema no es que CiU tenga o no “credibilidad”, porque
no es la “credibilidad” el fundamento de una relación
bitateral adulta. Precisamente, la democracia moderna (a la
que aún no hemos llegado) se inició por una legítima
desconfianza hacia las autoridades, que ya no eran
bondadosas siempre, como aseguraba el Antiguo Régimen.
El
problema es que los programas NO SEAN EXIGIBLES LEGALMENTE,
incluso sin notario. Como cualquier compromiso adquirido públicamente
entre dos partes, de palabra o por escrito.
Y
si quieren ustedes empezar a pensar sin chuparse el dedo,
piensen un ratito en esto: el único “crédito” que
merece el sistema... es que está diseñado para el
engaño, sistemático.
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