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Vieja radiografía, nuevas soluciones
Por Juan Martínez Marqués |
La sanidad española sigue apuntando la misma inflamación por el lado de los medicamentos sin que nadie ni nada lo remedie. El precipitado cierre de los datos de 2003 por parte del Ministerio de Sanidad para allanar el camino de los próximos dos meses electorales confirma una tendencia de gasto muy terca, que creció a un ritmo del 11,7%. Una cifra que contrasta con los datos del
Reino Unido (9%), Alemania (6%), Francia (5%) o Italia (2%).
A todas luces la realidad española debe encauzarse porque absorbe cada vez más recursos sanitarios. Es evidente también que el instrumento previsto para tal fin en 2001, el llamado Pacto de Estabilidad del sector farmacéutico, es papel mojado, por mucho que algunos se empecinen en defenderlo y cubra otros intereses y necesidades. Ni ha contenido la factura farmacéutica en los límites marcados dentro de su peor escenario (9,5%), ni tampoco ha procurado ninguna estabilidad al sector para proyectar el futuro. La última Orden de Precios de Referencia es un buen ejemplo.
Médicos, farmacéuticos y laboratorios vuelven a estar en la cuerda floja y se advierte ya una gran incertidumbre por saber cuál será el próximo movimiento de Sanidad, aunque esto haya que dejarlo para después de las elecciones. De lo que no hay duda es que el próximo equipo de sanidad, ya sea de un color o de otro, tomará cartas en el asunto para corregir esta desviación.
La radiografía de las causas del gasto en medicamentos es muy conocida. Farmaindustria se ha encargado hoy de recordarlas: aumento de las recetas como resultado de un mayor número de la población protegida (900.000 personas más), envejecimiento, financiación de medicamentos más caros, etcétera. La reciente
Encuesta Nacional de Salud revela que más de la mitad de los españoles consumió algún medicamento en las dos semanas anteriores a la Encuesta y que este consumo aumentó significativamente con la edad: el 87% de los mayores de 65 años necesitó algún medicamento.
Aunque el envejecimiento es un evidente logro social o la medicina preventiva basada en la terapia medicamentosa proporcione grandes resultados no es menos cierto que una sanidad con un grado de deriva tan pronunciado hacia el consumo de medicamentos esconde muchas vías de agua que no se pueden tapar con recetas (listas de espera, pobres dotaciones hospitalarias, escaso tiempo de atención al paciente en la consulta médica), lo que hipoteca sus recursos financieros para corregirlas. Se ha intentado por muchos medios: reduciendo el precio de los medicamentos –ya son los más bajos de la UE-, recortando los márgenes profesionales de los farmacéuticos, estableciendo devoluciones obligatorias a partir de ciertos beneficios (Real Decreto 5/2000 para la farmacia o pactos de la industria), retirando fármacos de la financiación pública, etcétera. Quizá no se ha hecho nada por recabar un compromiso más activo de los médicos que, a fin de cuentas, deciden la prescripción. La reciente advertencia de Ana Pastor de que se han detectado deslizamientos injustificados de prescripciones hacia medicamentos más caros puede ser un aviso para navegantes. Aunque sea difícil que en tiempo electoral se traduzca en algo concreto, muchos países europeos han introducido los presupuestos médicos y guías terapéuticas basadas también en el precio de los fármacos. ¿Por qué no probarlo en España y ver sus resultados? El método de prueba y eliminación del error obliga a plantearnos nuevas fórmulas para no seguir insistiendo con los mismos parches inútiles en la sanidad española.
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