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En su comparecencia ante la comisión del 11-M, el
presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, abandonó su
"buen talante" y eligió un tono más frío, apoyado
en datos e informes de los servicios de información de la
policía, para hacer frente a las acusaciones más bien
calientes del portavoz del PP, Eduardo Zaplana, sobre el comportamiento
del propio Zapatero y su partido antes y después de los
atentados. El resultado fue poner en evidencia la estrategia
de deslegitimación que ha venido desplegando el PP desde el día
siguiente al de su derrota electoral: primero, ligando esa
derrota a comportamientos desleales de los socialistas en las
horas que siguieron a los atentados; más tarde, acusando al
nuevo Gobierno de no querer investigar la pista de ETA. Frente
a las insidias del portavoz del PP, Zapatero que se había
preparado a conciencia la lección empleó la técnica de
agotar al contrario. Funcionó y los populares rozaron el
desquiciamiento en algunos momentos.
Éste llegó cuando Zapatero hizo pública una conversación
que mantuvo con Mariano Rajoy el 11-M, tras hablar con Aznar,
para decirle que creía que la manifestación de repulsa al
atentado debía convocarse hablando con todos los grupos. Según
dijo, Rajoy le dijo, por Aznar, "ya sabes cómo es".
Los bancos del Partido Popular trinaban y Zaplana llegó a
llamar indigno a Zapatero por estas declaraciones.
Zapatero, durante sus 15 horas de comparecencia, intentó
persuadir a la comisión de que no hubo, tras el 11-M, más
que una línea de investigación, la del terrorismo islamista,
sobre todo desde el descubrimiento de la furgoneta en la
estación de Alcalá de Henares, por lo que acusó al gobierno
de su antecesor José María Aznar de un "engaño
masivo" a la población tras los atentados. Ante estas
acusaciones, Zaplana insistía, una y otra vez, en averiguar
la verdad, y hasta hizo una pregunta que podría relacionarse
claramente, con el desierto lejano, y no con las montañas
remotas, al que se refirió crípticamente José María Aznar
en una adivina adivinanza que dejó a muchos perplejos.
Zapatero le tomo la palabra y empleando aquella frase de Aznar
concluyó asegurando que los cerebros del atentado no estaban
en desiertos lejanos, sino "aquí cerca: en Lavapies o en
Leganés".
Tras escuchar las comparecencia de Aznar y Zapatero en la
comisión del 11-M, lo que queda claro es esta comisión,
lejos de aclarar muchas dudas, está fomentando confrontación
política entre el PP y el resto de partidos en torno a una
tragedia que debiera haber unido a todos los españoles y que
sin embargo, los ha dividido aún más.
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