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Bronca por las comparecencias en la comisión del 11-M

Por Yolanda Rodríguez

Como no podía ser de otra forma, populares y socialistas se enzarzaron en una nueva bronca a cuenta del orden de comparecencias del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su antecesor, José María Aznar. Tras una ardua lucha en la que el PSOE pretendía intercalar diferentes comparecencias entre ambos testimonios mientras el PP se negaba a ello, al final se llegó a un acuerdo. 

Aunque de momento las fechas no están fijadas, Aznar y Zapatero no acudirán antes del 21 de octubre a declarar ante la comisión, día en el que finaliza la siguiente ronda de comparecencias y deberán hacerlo antes del 17 de noviembre, fecha en la que el presidente de la comisión, Paulino Rivero, quiere tener cerradas las declaraciones. En principio, todo bien, aunque las malas lenguas aseguran que Zapatero no quiere que Aznar comparezca después de las elecciones en Estados Unidos, previstas para el 2 de noviembre, ya que un hipotético triunfo de George Bush podría "envalentonarle" y presentaría la victoria de su aliado como la victoria a su política exterior en Iraq.

La comparecencia de Aznar es lógica toda vez que él, como presidente del Gobierno el 11 de marzo, era la persona mejor información y más capacidad de gestión poseía en el momento de los atentados. Su versión de los hechos ha de ser, pues, valiosa. Y él podrá también describir mejor que nadie el dispositivo preventivo, político y policial del que disponía el Estado para evitar las agresiones islamistas y aclarar qué fallos se produjeron para que resultase imposible impedirlos. 

Además, Aznar intentará lanzar balones fuera e intentará saca a colación la supuesta manipulación que, a su juicio, provocó la derrota electoral de su partido tres días después, y no sería deseable en absoluto que la Comisión del 11-M se convirtiera en Comisión del 14-M, pero es de suponer que el ex presidente tendrá el sentido de Estado de ceñirse al guión; habida cuenta de que el referente de los parlamentarios han de ser en todo momento las casi doscientas víctimas y no los intereses partidarios.

La comparecencia voluntaria de Zapatero tratará de dar la réplica a la del ex presidente Aznar. Es comprensible que desee poder responder a los previsibles ataques del ex presidente. Sobre todo, después de que en el reciente congreso del PP Aznar volviese a acusar al PSOE de "forzar la voluntad popular" con ocasión de los atentados de Madrid.

Así las cosas, las últimas sesiones de la comisión de han convertido en un auténtico "ring de boxeo" en el que lo que menos cuenta es la investigación de la masacre del 11-M y prevalece el ajuste de cuentas políticas y las descalificaciones.

 

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